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MIS RELATOS BDSM

Las llaves del juego (1ª Parte)


A pesar de que este tipo de prácticas sólo recientemente se han empezado a recoger en obras de divulgación sobre sexualidad, el deseo sexual ligado a la inmovilización está muy extendido y se conoce desde antiguo, como lo muestran numerosas imágenes de intención aparentemente no erótica. ¿Por qué a algunas personas les atrae el juego de ser atadas? La razón que con más frecuencia se invoca es la liberación de inhibiciones y responsabilidades, en la medida en que confían las llaves del juego erótico a otra persona, que es quien marca las pautas a seguir. Se llama a esto "intercambio de poderes". A algunas personas les atraen también las sensaciones físicas: la presión de la cuerda, la imposibilidad de moverse y, a veces, aunque es poco frecuente, el dolor o las quemaduras producidas por la cuerda. Ligado a esto último está también el placer por la adrenalina que genera el peligro simbólico. Atrae también la sensación de impotencia cuando se hacen intentos de liberarse; a alguna gente le agrada realizar estos intentos mientras es estimulada sexualmente por la otra persona, aunque el bondage no implica necesariamente contacto sexual…


Escena primera


La dócil pero inteligente puesta en escena, iba a depararle a la inocente muchacha más de un orgasmo aquella noche.

Aquella no era una habitación normal, se trataba de un oscuro sótano sin ventanas y con un único acceso a través una desangelada puerta de vetusto roble macizo a la cual no llegaba la luz directa del exterior ni los días de más sol si no fuese por la única luz artificial que en forma de aplique se situaba en lo alto de la estancia.

Carmen sabía que allí nadie la podría interrumpir de su encierro voluntario. A ella lo que la ponía desde siempre había sido permanecer encerrada, sin posibilidad de escape y en posición incómoda durante mucho tiempo. También era verdad que nunca se lo había podido confesar a nadie de su intimidad y menos a su marido, del que ya estaba casada hacía 5 maravillosos años. Ahora con 29, Carmen estaba en su apogeo sexual, sus curvas resaltaban el poderío que su mirada reflejaba en aquél frío y solitario sótano, aunque no demasiado alta y tampoco con cuerpo escultural, su cintura de avispita y su precioso culete la hacían la envidia de los amigos de su marido, tampoco era despreciable su buen par de tetas, que si bien no eran demasiado abultadas, sí resultaban turgentes bajo una camiseta de sport blanca que solía ceñirse para hacer footing todas las mañanas, además su marido siempre las sentía duras y con unos pezones en punta y con aureolas sonrosadas. De larga melena negra y lisa a la altura del culete y con unas preciosas piernas. Pero eso ahora no era lo que más le preocupaba a Carmen, puesto que la escena ya estaba en marcha y el reloj había comenzado su marcha, que para ella sería absolutamente imprescindible.

Carmen se encontraba en el centro mismo de la estancia, una barra de metal vertical que se incrustaba en el suelo la mantenían allí en pie mediante unas simples esposas atadas a sus muñecas. No era posible soltarse de las esposas a menos que una llave que pendía de una fina cadena de acero cayese en una de sus manos para poder abrir así las esposas. El caso es que tal llave no le llegaba a la altura de las manos, aunque no por demasiado tiempo, ya que según lo previsto éstas caerían justo en el momento adecuado.

A Carmen le gustaba jugar con el tiempo físico y la gracia de poder ganarle la partida al mismo. El mecanismo era harto sencillo. La fina cadena que sujetaba la llave estaba hecha una pelota gracias a que Carmen la congeló previamente, por lo que la bola de cadena era de hielo que con el tiempo se derretiría y haría bajar la cadena, pudiendo alcanzar así la llave. Ella que era muy inteligente sabía el tiempo que tardaría en suceder tal cosa, y por eso tenía allí un reloj en la pared colgado, le faltaban unos 7 minutos para librarse de su self-bondage.

Pero no era la única cosa de la que debía preocuparse puesto que para hacer más insoportable el presidio, se ató al cuello un collar del que tiraba una cadena la cual estaba atada a un tremendo cactus con muchos pinchos, la planta estaría en su lugar fija sin moverse sobre una repisa en la pared, siempre que a ella no se le ocurriera la idea de moverse hacia delante o a un lado más de lo necesario, en ese caso el cactus le destrozaría la suave y tersa espalda, clavando sus pinchos e hiriéndola de forma muy dolorosa ya que iba completamente desnuda y nada impediría tal suceso. Así que Carmen debía permanecer completamente rígida, sin moverse en pie en el centro de aquella estancia hasta que el tiempo hiciera derretir el hielo y pudiese alcanzar la única llave que la liberaría. Una escena que ya de por sí ponía en excitación a Carmen tan sólo pensarla.




Ahora y tras 30 minutos, solamente restaban otros 7 según sus cálculos para liberarse. El cansancio y el frío la estaban haciendo perder el equilibrio, pero ya faltaba menos y ella sabía que no podía moverse. Tras un segundo orgasmo, casi hace mover el cactus del estremecimiento pero consiguió frenarse a tiempo.

Sus pies descalzos le hacían sentir cada vez más el frío de aquella habitación, que rondaría los 6 o 7 grados en aquellos momentos, a Carmen le gustaba esa sensación de frío, de inmovilidad y de excitación, y más ahora que su marido llegaría a casa, justo a los 15 minutos de haberse soltado según sus cálculos, y es que no le gustaba la idea de que por alguna razón él llegase antes y la encontrara así, de todas formas nunca había pasado, y ella siempre tenía tiempo de sobra para librarse, subir y vestirse y recibirlo con un tazón de caliente leche en el salón de la casa.

Pero aquellos 7 minutos pasaban, Carmen se dio cuenta que aquella tarde hacía un poco más de frío de lo habitual, el hielo se derretía más lentamente y comenzó a preocuparse de verdad. Por la altura a la que estaba la llave todavía le faltaban unos 10 minutos más y Carmen se puso a pensar que aún le sobrarían unos 5 minutos, pero se puso nerviosa por si él llegaba antes. La adrenalina y el alto grado de excitación por poder ser descubierta la hizo tener un profundo orgasmo, sus piernas temblaron y esta vez movió el cuello demasiado, el cactus se situó en el mismo borde, un ligero movimiento más de su cuerpo y haría trizas su espalda. Se asustó, comenzó a gemir, pero también se había colocado una mordaza de bola por lo que apenas era audible desde el exterior, tampoco quería eso, y la saliva le empezaba a caer a chorros por la barbilla, llegando a los pechos que con sus pezones enhiestos nos mostraban a una Carmen inofensiva a la vez que orgullosa.

No sabía si el cactus estaba en el borde o no, ya que no podía girar la cabeza para verlo, pero sabía que se había movido mucho en el anterior orgasmo y ahora comenzaba a tiritar de frío. El reloj marcaba ya la hora del retorno de su esposo, y la anhelada llave no tocaba ninguna de sus manos aún, apenas la rozaba, pero era insuficiente, intentaba cogerla, pero era esforzarse en vano, apenas la podía mover con los dedos, faltaba poco, pero también a él le faltaba poco. Todavía tenía la esperanza de que se retrasase o de que al llegar y no verla en casa por lo menos no se le ocurriese la idea de bajar hasta el sótano, ella nunca cerraba la puerta desde dentro por si le pasaba cualquier incidencia y por eso si su marido bajaba hasta allí, la encontraría sin mayores contratiempos.

Comenzó a pensar cuantas veces había probado la misma situación y las veces en que casi la pilla su marido, pero nunca había llegado a estar tan cerca como aquella tarde.

Carmen se quedó totalmente rígida, había oído pasos arriba. Ahora sí intentó con ganas coger la llave que ya tenía casi en las manos, los pasos arriba se hicieron más sonoros y se dio cuenta que su marido estaba ya en casa. Habían pasado más de esos 15 minutos de resto y pensó que nunca más probaría hacer esa escena con tan baja temperatura a menos que se diese algo más de tiempo. No alcanzaba la maldita llave y arriba parecía que los pasos se acercaban, quizá su marido se dirigía a….no, no podía ser, ¿por qué iba a querer bajar al sótano? El caso es que comenzó a pasarlo mal realmente, allí desnuda, inmovilizada con aquel cactus y sumisa totalmente a cualquier visita, se moría de vergüenza sólo de pensarlo, no, no quería que su marido la viese así ¿qué pensaría de ella? Seguro que le daba un patatús o algo peor, él no era un innovador en el terreno sexual precisamente, a él le gustaba lo clásico, en la cama y esas cosas normales. Pero si la descubría, OH, si la encontraba allí, eso iba a ser muy fuerte.

En un último intento por hacerse con la llave inclinó su cuerpo un poco adelante y cuando quiso darse cuenta del grave error, zas!!! Un tremendo pinchazo por toda la espalda la sacudió, gritó de dolor como pudo, balbuceando dentro de su mordaza, segundo gran error ya que su marido creyó oír algo abajo y comenzó a bajar las escaleras en dirección al sótano. Carmen estaba cada vez más arrepentida de su actuación, pero era demasiado tarde para rectificar, el cactus la había herido, dejándole unos pequeños regueros de viva sangre roja en su espalda, pero lo que más le dolía era que todavía no había podido pillar la llave y su marido ya casi seguro que la encontraría.




Escena segunda



Su marido se paró en seco y después lanzó un grito al tiempo que corrió a liberar a su preciosa mujer de aquella insufrible postura, ella lo miró con rostro de espanto y dando ya por sentenciado su matrimonio dejó caer la mirada al suelo humillada. Él tardó con los nervios un poco en comprender que aquello no era producto de un secuestro o un morboso juego de algún psicópata, la llave que libraba de las esposas a su mujer estaban allí, a su altura, ahora ya podría haberse librado ella misma del encierro. Su cara de asombro le resultó muy dolorosa a Carmen, su marido le quitó enseguida el cactus que seguía clavándose en su espalda y la liberó enseguida de la mordaza y las esposas exigiendo explicaciones.


-Dios mío Carmen, ¿qué ha pasado? ¿Qué broma es esta?

-Querido, lo siento, yo….no sabría como explicarlo, yo, lo siento….


Carmen se puso a llorar, y abrazó a su marido. Él todavía no podía creerse que aquello era cosa de su mujer, una depravación sexual Dios mío. Que callado lo tenía, cuantas cosas tenía que aprender todavía de su mujer…


-Pero ¿por qué? ¿Qué he hecho mal? ¿No te gusto en la cama?

-No cariño, no es eso, es….


Ella siguió llorando y abrazando a Rafa (así se llamaba su marido), no podía dejar de pensar en que aquello lo iba a estropear todo y que su marido no lo iba a entender.


-¡Maldita sea Carmen, quiero explicaciones! Si haces esto es porque no te excito, seguro que mientes sobre tus orgasmos en la cama conmigo, por favor pero si ni siquiera te tomas un cigarrillo después de haberlo hecho, y eso que fumas más que yo.


Rafa comenzó a recordarle a Carmen todas las escenas de sexo con ella y lo mentirosa que había llegado a ser con él.


-Espera Rafa, no es así, deja que te explique. Esto lo hago porque me gusta, pero tú me gustas también y mis orgasmos contigo no son fingidos, créeme, yo te quiero, es sólo que…es una cosa que tengo de pequeña, siempre me ha gustado sentirme indefensa, sin escape. Me gusta desde siempre el bondage.


-¿El qué? Pero por favor, ya no sabes ni lo que dices, ¿qué cosa es el bondage? ¿Cómo es posible que después de 5 años de casados y más de 4 de novios no me hayas contado nada?


-Bueno porque pensé que podrías enfadarte conmigo y me dejarías, pensé que no lo aceptarías y te buscarías a otra mujer.


-¿Eso piensas? Carmen yo también te quiero y lo menos que puedes hacer es compartir esto conmigo. Si a ti te gusta pues yo lo acepto, me lo explicas y si quieres lo practicamos, pero no me mientas por favor.


A Carmen se le abrieron los ojos, su marido era más comprensivo de lo que ella hubiese podido imaginar nunca. Además de su marido ahora podría ser su compañero de escenas bondage. Era perfecto…


-¿En serio Rafa? ¿No te enfadas? Es más ¿lo compartirías conmigo? ¿Me dejarías enseñarte lo que me excita y lo que me gusta de verdad?


-Por supuesto tonta, es lo que más deseo, que te lo pases bien conmigo en todos los ámbitos y sobre todo en el terreno sexual. Claro que me tendrás que explicar de qué va esto, estoy un poco pez, tú bien sabes que del "misionero" no salgo, jejeje.


Aquella carcajada fue el detonante para el establecimiento de una nueva relación, una relación fructífera que llevarían a Carmen y a su marido a situaciones tan depravadas como excitantes, pero eso será en otros capítulos, os lo prometo.




Las llaves del juego ( 2ª Parte )


<<Los beneficios que se sacan del bondage varían según la personalidad de cada uno, algunos piensan que sentirse atados favorece las descargas de adrenalina en el cerebro, aumenta la tensión sexual y libera ondas alfa que son las que se emiten en estado hipnótico o de atención difusa, similar al producido por la televisión o por la conducción en un carretera recta en medio de la noche.>>



Aprendiendo la lección


Después de aquella experiencia y posterior descubrimiento de los gustos de su mujer, Rafa consintió que ella le enseñase las técnicas más usadas en sus experiencias. De este modo y al poco tiempo, Rafa se convirtió en todo un experto. Poco a poco le iba gustando más el tema y su mujer se sentía más y más contenta. Pasaron momentos dulces, otros un poco más amargos, pero al final la recompensa era lo mejor que se sentían los dos, lo bien y mucho que disfrutaban y lo mejor de todo que tanto ella como él descubrieron una nueva forma de placer, que si bien no dependía del sexo fundamentalmente, los excitaba como si follasen hasta reventar, consiguiendo siempre alcanzar unos orgasmos casi se diría místicos.

Un día Carmen decidió poner a prueba a su esposo con un juego que para ella era fabuloso, se sentía mojada sólo de pensarlo y estaba deseosa de ponerlo en práctica. Para ello iba a necesitar la complicidad de su querido marido.

Hasta ahora era ella la que era atada, la que sufría la mayoría de orgasmos y la que podía decidir lo que le pasara después. Su marido solamente se dedicaba a preparar el terreno, a dejarla en las situaciones para ella más atractivas y a ocuparse de la seguridad que las diferentes situaciones podrían requerir, pero ¿y si él no pudiese controlar eso? ¿y si tanto ella como él pudiesen disfrutar más conjuntamente de las experiencias bondage?

Ella lo que quería era ver a su maridito en una posición algo más comprometida, indefenso también como ella, y sin control real sobre el juego. Ella y él formando una pareja perfecta, compenetrada y sujeta a los avatares del destino, la incertidumbre y el azar. Eso sí la excitaba a ella, eso era lo que realmente la ponía cachonda, y no iba a tardar en preparar todo.

Aquella tarde Carmen volvió a casa tras unas compras. Del paquete grande tuvo que encargarse un par de mozos bien fornidos. Ya dentro, Carmen se dispuso a abrirlo y dejarlo todo preparado para el regreso de su esposo.

A la vuelta del trabajo, Rafa, cansado y algo dolorido por el agotador día se encontró a su mujer en blanco y sedoso camisón transparente sobre el sofá recostada. Insinuante con una pierna descubierta y poniendo carita de inocente quinceañera, le lanzó un beso con los labios. Él no lo dudó y se acercó a ella decidido a hacerlo allí mismo. Pero ella lo detuvo, al fin y al cabo ya había logrado excitarlo y eso formaba parte del plan.

Carmen se levantó del sofá apartando a su marido que ya la tenía entre los fuertes brazos, y le dijo que la siguiese. Se adentraron en la habitación contigua y le mostró unas cajas de las que extrajo varias cosas:

Una especie de interruptor eléctrico con algún tipo de mecanismo de tiempo, un arnés capilar, un par de cables de acero y unas argollas de metal.

Rafa ya sabía que esa noche iban a tener otra de esas noches de loco bondage, pero su mujer todavía no le había enseñado todo lo que compró. Después de poner esos objetos en una mesa, le enseñó una caja muy grande que estaba en el fondo de la habitación, en la penumbra y de la que no se había percatado él antes. Al abrirla y para su sorpresa, Rafa dejó caer la mirada sobre su esposa:

-¿Pero y esto? ¿no te vale con estar atada cariño?, jejeje

-No te confundas amorcito, esto es para ti.

-¿Yo? ¿para mí? pero....

Rafa estuvo dudando algo de tiempo, aquello iba en serio y no sabía si podría ser seguro decirle que sí a su esposa o rechazar la idea para siempre. El caso es que no tendría más remedio que acceder a los deseos de su esposa, si lo que quería era seguir disfrutando del sexo como hasta ahora. De tal modo que no se lo pensó dos veces y consintió en que su mujer le explicase con detalles:

-Bueno amorcito, no veas el tiempo que me ha llevado encontrarla, pero espero que quepas bien, jejeje. Esta jaula no es para perros, es algo más grande y los barrotes son de acero, por lo que una vez dentro y encerrado ya no es posible salir sin la llave del candado que cierra la puerta. La idea como habrás resuelto, es que te metas en ella mientras yo estoy atada e inmovilizada, así podemos dejar que el destino siga su curso. Solamente cuando tú consigas abrir la jaula, yo podré ser liberada, por lo que yo dependeré de ti, y tú dependerás del hielo, jejeje, como siempre hacemos. ¿Te gusta? yo estoy super cachonda.

-Pero..¿no será peligroso Carmen? si me quedo ahí dentro, y luego pasa algo...-Carmen no lo dejó seguir-.

-De eso mismo se trata, es una prueba para ti, para ver si de verdad me quieres y me comprendes, no va a pasar nada, y te va a gustar, ya lo verás. Lo tengo todo preparado, vamos al salón.

Carmen lo condujo de la mano al salón, llevándose los elementos que puso en la mesa y había mostrado por primera vez a su marido. Conectaron el interruptor de tiempo en el enchufe, Rafa dispuso las argollas en el techo ancladas, y conjuntamente prepararon los cables. Aunque Rafa todavía no sabía como iba a ser aquello, ya empezaba a figurárselo.

-Bien, te explico cariño. Me gustaría que antes de nada me dijeses que vas a estar de acuerdo en todo, que obedecerás mis instrucciones y que no objetarás nada, porque yo lo tengo todo muy calculado y soy la experta en el tema, jejeje, ¿ok?

Rafa asintió con la cabeza, ya no podía echarse atrás, además aquella situación comenzó a excitarle, aunque quizás se debiera a que su mujer en bata translúcida lo hacían a él sumiso de la voluntad de ella.

-Bueno, no es muy complicado de entender cariño. El arnés capilar que tengo en mis manos va atado a mi cabeza, trae bola para la boca y todo, jejeje. Sujeto a él encima de la cabeza va una argollita que irá enganchada a unos de estos cables, el cual pasará por la argolla que hemos puesto en el techo y bajará hasta nuestra persiana (una persiana interior de un gran ventanal que tenían en el salón). La persiana se mantendrá cerrada todo el rato, jejeje, pero solamente porque lo sujetará un clavo, al que ataré el cabo del cable, de este modo si muevo mi cabeza demasiado o la bajo, el clavo saltará y la persiana se subirá. Luego te explico mejor. Luego mis manos irán esposadas por detrás de mi espalda y las tendrás que fijar con este otro cable a la otra argolla del techo, de este modo estaré totalmente imposibilitada, no podré moverme demasiado y deberé permanecer en una posición delicada. La idea querido, es que yo permanezca de puntillas, para no hacer saltar el clavo y evitar que la persiana se descubra. Si apoyo los talones un poco, la persiana se abrirá y a saber quien pueda verme desde fuera, ¿no es excitante?, además este interruptor que he comprado mantendrá la luz apagada todo el rato salvo que cada 5 minutos de oscuridad, la luz se encenderá 10 segundos, para volverse a apagar por otros 5 minutos, de esa forma si la ventana se descubre, cada 5 minutos alguien de fuera podrá observarme aquí atada, claro que eso es solamente el componente excitante, porque de ninguna manera va a ocurrir, no estoy tan loca.

-¿Qué no? pero podría pasar, si pierdes el equilibro, si te cansas demasiado, si alguien te consigue ver...

-Tranquilo, a malas lo haremos entrada la madrugada, ya sabes que aquí a esas horas no pasa nadie por enfrente de esa ventana, solamente hay un parque al frente concurrido por esos quinceañeros del botellón, pero están demasiado lejos, además, ¿no es eso lo que yo quiero? jejeje, me estoy mojando sólo de imaginarme ahí atada.

-¿Y yo qué tengo qué hacer mientras?

-Cariño tu eres la llave. Te encerrarás con el candado en esa jaula, y deberás hacerlo una vez me hayas fijado con los cables a mí. Pondremos la llave sujeta a un cable para que cuando se derrita el hielo, te caiga dentro de la jaula. ¿A que tu mujercita sabe como excitarte? ¿no te gusta? es perfecto, ya verás que bien lo pasamos, ¿o no te produce morbo? ¿qué pasa, no te gusta la idea de que unos adolescentes puedan ver a tu mujer desnuda sin que tú puedas impedírselo? jejeje

-Como has cambiado Carmen, realmente no eran tan segura antes. Cuando te pillé en aquél sótano te daba vergüenza hasta que te viera yo, pero ahora ya ni con desconocidos.

-Pero es que ahora estamos los dos juntos en esto, y me siento más libre sabiendo que tú estás ahí, que me quieres y que yo te obedeceré sumisa en la camita, como ya sabes, jejeje.

Rafa estaba demasiado excitado con esas últimas frases como para decirle que no, además el que vieran a su mujer era bastante improbable, y de todos modos ya no le importaba demasiado, estaba demasiado deseoso por hacerlo con su mujer, y eso debería esperar a que acabase aquella escena.

Cuando llegaron las 3 de la madrugada, se pusieron a preparar todo. Carmen ya se había despojado de la ropa, iba a estar completamente desnuda, y Rafa tuvo que arrastrar la jaula hasta la esquina del salón, alejado del ventanal y de su mujer una vez fijada a los cables. Como la jaula podía moverse, la tuvieron que fijar con dos argollas a la pared, en la esquina y con candados cuyas llaves dejaron en otra habitación, aquella jaula era ya inamovible. Carmen se puso el arnés capilar aunque a última hora decidió no insertarse la bola en la boca, así podría seguir hablando con su marido encerado en la jaula. Rafa enganchó cuidadosamente los cables al arnés capilar y dispuso las esposas para dejarla en posición de puntillas y fijada con otro cable a una segunda argolla del techo. Conectó el interruptor de tiempo y aseguró el clavo que mantendría la persiana bajada. Una vez Carmen estaba ya en posición, le dijo, volviendo cuidadosamente su cabeza:

-Bueno cariño, ya ves que me estoy mojando otra vez, ahora sólo faltas tú, el cable con la llave y el hielo ya está colocado y derritiéndose por lo que te falta meterte en la jaula, ¿lo harás por mí verdad? ¿vas a obedecer a tu querida esposa para que tenga un orgasmo esta noche aquí contigo, verdad que sí?




Rafa se acercaba poco a poco a la jaula, siguiendo con su mirada a su mujer, abrió la puerta, se agachó, entró, cerró la puerta, y ya estaba a punto de fijar el candado...cuando se levantó, y se fue hacia donde estaba su mujer:

-Cariño, ahora que lo pienso, será mejor no oír como gimes, es mejor que te ponga el ballgag ¿no crees?

-¿Pero? yo quiero.. -No la dejó terminar la frase, con fuerza le insertó la bola roja y ella desesperada movió la cabeza, pero se dio cuenta que podría soltar el clavo y sus movimientos cesaron ipso facto-.

-Así me gusta cariño, quietecita, ya sabes lo que pasará si no te mantienes de puntillas o mueves demasiado esa cabecita, jejeje. ¿sabes cariño? ahora es cuando le estoy cogiendo gusto a esto, igual me quedo en el sofá viendo el espectáculo y soy yo quien abre la ventana para que vean lo putón que eres, jejeje, pero no, tranquila, haré lo que dijiste, y ¿sabes qué? estoy comenzando a ponerme cachondo, creo que el que te puedan ver me excita sobremanera.

Después de eso y de dejar a Carmen totalmente a su merced, ésta todavía estaba de puntillas soportando su bondage, pensando que igual ahora su marido se había vuelto demasiado violento con ella, pero daba igual porque eso aún la ponía más cachonda. Esta vez Rafa entró decidido en la jaula y a punto de cerrar el candado que dejaría indefensa a su esposa frente a los ojos de extraños, espetó:

-Cariño! voy a cerrar el candado, quiero que sepas que te quiero y que pase lo que pase esta noche me voy a correr a gusto y espero que tú hagas lo mismo.

Dicho esto, sonó un "click" y Rafa quedó encerrado sin posibilidad de escape por el momento.


Clases particulares


Todavía era pronto para que el hielo se derritiese lo suficiente como para poder alcanzar las llaves y salir de la jaula. Su esposa seguía como podía de puntillas, ahora ya nada podría evitar que si ella bajara los talones, la persiana se descubriría, con lo que ello podría suponer. Aunque Rafa estaba cada vez más excitado por la situación comprometida que le tocaba vivir allí dentro como si fuese un perrito, su pobre mujercita no hacía más que sudar, sus piernas comenzaban a flaquear a la vez que ascendía en ella la excitación. Quería haber podido frotarse su sexo en aquél momento, pero tampoco podía, sus manos estaban bien sujetas atrás, a la vez que intentaba no ceder milímetros so pena de pasarlo realmente mal.

Llegaba un momento tenso, Carmen estaba cerca de desistir y Rafa estaba ya masturbándose viendo que su esposa de un momento a otro iba a perder la partida. El hielo goteaba lentamente con agua fría sobre el rostro de Rafa dentro en la jaula, pero éste seguía masturbándose mientras Carmen volvía a tener un estremecimiento, -otro orgasmo más-, pensó él, pero era que sus músculos estaban al borde mismo del derrumbamiento. No lo iba a soportar, Carmen perdería el equilibrio y el clavo se soltaría. En los momentos más duros comenzó a gimotear, aunque solamente era audible un "mmmmm...mmmm", ya que la bola en la boca le impedía hablar, a la vez que unos goterones de saliva bajaban por su barbilla alcanzando los preciosos y enhiestos pezones, para deslizarse delicadamente hacia su sexo, bajo una no demasiada compacta masa de vello oscuro como el de su cabello. Carmen no podía creerlo, pero ella misma se daba cuenta por momentos que aquello se le iba de las manos, creía que soportaría la posición, y nunca pensó seriamente el poder verse descubierta tan vulgarmente en el vecindario. Qué pasaría si la veían los hijos de sus vecinos...

Desde dentro se oían gritos y música, por lo visto fuera se estaba desarrollando algún tipo de "botellón", y eso asustó a Rafa, claro que ahora él era víctima de su lujuria y no podía de momento evitar nada, además aquello le hizo excitarse más aún y acabó por eyacular. Carmen seguía erguida, manteniendo la postura de puntillas, pero en un momento todo se fue al traste, al mismo tiempo que la luz volvía a encenderse para apagarse a los 10 segundos tras 5 minutos a oscuras. En ese momento Carmen no pudo más, soltó un gemido largo y ahogado de cansancio y puso las plantas de los pies sobre el suelo, al tiempo que el clavo saltaba y la persiana era levanta al instante.

-Dios, Carmen, noooo, ¿qué has hecho?-su marido desde la jaula.

La luz se volvió a apagar, eso les daba tiempo, pero ¿y el hielo? todavía no alcanzaba la llave del candado. Carmen descansó sobre la planta de sus pies pero horrorizada observó que la ventana estaba descubierta, no podía más que intentar agacharse lo máximo, pero la ventana era bastante grande y baja, por lo que desde fuera podrían verla perfectamente de rodilla hasta la cabeza. Mantuvo como pudo sus brazos estirados hacia arriba y doblando el cuerpo adelante y abajo, pero el dolor era insoportable, podría desencajarse los hombros y desistió, debería confiar en la suerte y en que la próxima vez que se encendiera la luz no mirasen hacia aquella ventana.

Carmen se dio cuenta que desde allí, podía observar a un grupo de adolescentes fumando y bebiendo, sentados en un banquito de espaldas a su ventana. Pero claro, como se encendiera la luz, la podrían pillar...rezó para sus adentros que tal cosa no sucediese y respiró profunda, ahora la cosa no estaba en sus manos.

Mientras, su marido enjaulado, intentaba hacerse con las llaves que ya poco a poco iban cediendo y bajando, intentó con rabia cogerlas, pero todavía era muy pronto, aún tardaría unos minutos en poder alcanzarlas.

-Ya tienes lo que buscabas, maldita sea Carmen, como se encienda la luz, y se encenderá...te verá alguien seguro. Mierda, y yo aquí por tu culpa, ¿a esto lo llamas diversión? joderrrrrr - intentando coger las llaves una vez más-.

-Mmmm..mmm.m.mm..mmm - Carmen apenas si balbuceaba, lo que estaba claro es que ella al igual que él estaba muy nerviosa y asustada por lo que podría pasar.

Sin previo aviso, la luz se encendió, Carmen se paró en seco, ahora no veía el exterior, pero a ella sí la podían ver, y Rafa ya casi tenía las llaves, los segundos pasaron eternizándose, 9......8......7....alguien de fuera se percató de la luz a lo lejos, 6.....5.......4.....Carmen desesperada intentó agacharse al máximo, haciéndose un dolor en los hombros tremendo y llorando al mismo tiempo....Rafa por fin cogió la llave....3...en el exterior alguien vio a Carmen, pero iba muy mareado y borracho y no llegó a comprender qué veía....3.....2....1...la luz se apagó. Salvada, Carmen expiró aliento y comprobó alegremente que su marido se había liberado de su jaula. A oscuras, Rafa cerro la persiana, luego abrió la luz.

-Buff, Carmen lo he pasado mal, pero....¿sabes qué?, en el fondo me he puesto como una moto. ¿lo repetimos, jejeje?

Liberó a su esposa y ésta casi se desmaya, sus fuerzas estaban al límite. Rafa la tumbó sobre el sofá y la acarició y besó para dejarla más tarde dormir allí mismo. Aquella noche no hubo sexo, pero a Rafa no le importó, y Carmen lo sabía...






Las llaves del juego (3ª Parte)


<< Generalmente el bondage, al igual que otros juegos sexuales, no produce un efecto erótico por sí mismo, salvo que la atracción por el compañero sexual sea buena. Son excepciones los que no pueden sentir deseo sexual si no realizan esta práctica, en cuyo caso el acompañante es lo de menos. Si eres de estos últimos has de ser muy precavido al elegir tus acompañantes, es muy peligroso dejarse atar por un desconocido/a. El bondage como casi todos los juegos sexuales avanzados precisa tiempo para que las condiciones del juego se vayan dando progresivamente, por eso es necesario un cierto nivel de intimidad y de complicidad >>



Una nueva sensación



Desde que los juegos fueron en aumento, la vida sexual de la pareja ganó no solamente en interés, sino en excitación y morbo. Al placer de ella por ser atada o imposibilitada en movimientos se le unía el de él, que al verla así se mantenía en constante excitación, a lo que ella respondía con más placer. O eso fue en un principio al menos, ya que después, él también participó activamente en el bondage y descubrió un nuevo mundo de sensaciones.

Fue en el día del cumpleaños de Carmen cuando Rafa demostró con creces su complicidad en los juegos y sus ganas de diversión con su mujer.

Lo había hecho traer por piezas, todo en cajitas pequeñas, en plan Ikea, para montar en casa. Carmen no sabía de qué se trataba, aunque intuía algo. Poco a poco fueron desvelándose algunas piezas que ya daban idea de lo que podría tratarse. Después de acabar el montaje, la aprobación de Carmen no fue tanta como el escalofrío que recorrió placenteramente su cuerpo, desde los blanditos dedos de sus lindos pies hasta la cabeza, entreteniéndose dulcemente en sus pezones ya enhiestos y la ya sonriente comisura de sus labios. Sus ojos abiertos de par en par como su boca, descubrían su grado de felicidad en aquel momento. Su marido no dudó en querer comprobar si aquel artefacto funcionaba realmente.

Se trataba de un doble cepo fabricado en madera. Un cepo para los tobillos y otro para el cuello y las muñecas, unidos por unas vigas también de madera. La forma para cerrar el cepo de los tobillos era simple, ya que se usaban sendos candados, uno para cada tobillo, y de muy fácil cerradura. El cepo para el cuello y las muñecas era la verdadera curiosidad, ya que no traía candado ni cierre visible. Por lo visto, solamente había que dejarlo caer una vez situada la cabeza y las muñecas en su lugar y este automáticamente quedaba bloqueado mediante un mecanismo que estaba en su interior, imposibilitando su apertura, aunque pudiéndose desbloquear tirando de una palanquita externa muy bien disimulada, a la que no podía acceder en modo alguno aquel que estuviera en el cepo.

Rafa se dispuso a realizar una primera prueba del artilugio, bajo la expectante mirada de su excitada mujer. Se situó en pie y de frente al cepo. Se agachó para cerrar el cepo de sus tobillos, asegurando el cierre primero del candado del tobillo derecho y luego el del derecho. Con los pies ya inmovilizados, le bastó situar su cabeza y muñecas en la parte superior de aquel aparato. Con un suave, pero firme empuje vertical del travesaño superior, el cepo al descender, se cerró con un fuerte “clack”. Ahora ya estaba completamente inmovilizado en el cepo.

-Cariño, vas a tener que abrirlo tú, yo desde aquí no puedo.

-Buau, funciona perfecto. Me gusta mucho, amor –ella le dio un beso en los labios- pero ahora que te veo así…espera, jejeje.

Carmen dio la vuelta al cepo y se colocó en la parte posterior, teniendo a sí a su marido de espaldas.

-¿Dónde estás, Carmen? ¿Qué haces?

Ella entonces, le desabrochó el cinturón del pantalón y se lo bajó.

-Vaya, ya veo que tienes ganas de jugar ¿eh?

Con un poco más de paciencia, le acabó por bajar los calzoncillos, dejando su trasero bien dispuesto….y…..ZAS, ZAS, dos cinturonazos.

-Ay, que eso duele.

-Tranquilo cariño, solamente estamos probando tu regalo…ahora que ya sabemos qué podemos hacer con él…me gustaría agradecértelo, y puesto que hoy cumplo 30 años, quiero que me azotes, como yo acabo de hacer contigo, pero 30 veces, como si estirones de oreja fueran, ¿lo harás por mí?

-Como sigas azotándome, te daré 60, ahora suéltame.

En ese momento recibió un tercer azote, y al momento Carmen le soltó del cepo, ansiosa por mostrarle su agradecimiento, a su manera…

Carmen se colocó en el cepo, ya con las braguitas bajadas y chorreando. Su marido no tardó en arrearle con el cinturón. A cada “zas”, ella le respondía con un suspiro y un “otro, por favor”, fue al llegar a los 30 cuando paró su marido, aunque ella no llevaba la cuenta y le pedía más, pero él estaba demasiado empalmado para entonces, la agarró por atrás y la penetró allí mismo, en el cepo. Ella solamente pudo correrse de placer a los pocos minutos, como él, que acabó eyaculando sobre sus rojizas nalgas.



El día más estresante



Cuando Carmen acabó de prepararlo todo, suspiró e intentó tocarse, pero no lo hizo, sabía que todo tenía que llegar a su momento. Mantenerse excitada por más tiempo, eso se decía una y otra vez…

Comprobó la webcam, el ordenador, la llave de la puerta…todo, todo estaba dispuesto…se mordió el labio inferior al tiempo que cerraba sus piernas para evitar tocarse una vez más.

El plan era de una sencillez brutal y de una factura impecable. Carmen sabía jugar muy bien a sus juegos y el selfbondage era su favorito.

Antes que otra cosa, comenzó a desnudarse, lo hizo muy rápidamente, estaba ansiosa por comenzar. Casi sin darse cuenta ya se encontraba totalmente desnuda y depilada para la ocasión, se había rasurado el coño y ahora parecía el pubis de una niña, en vez del de una mujer de 30. Sus pezones sonrosados se pusieron de punta casi al mismo tiempo que crecía su clítoris.

Se situó delante del cepo, se aseguró que una vez dentro podría mover el ratón del ordenador con su semiliberada mano…dejó caer el travesaño superior después de asegurar sus tobillos e hizo “click” con el ratón. Ahora estaba estableciendo una comunicación online con su marido, que al otro lado recibía las imágenes y el audio en su iPhone, regalo causal de su mujer unos días antes, por Navidad.

Rafa estaba en su trabajo. Delante de su ordenador, en la oficina de la aseguradora. En estos momentos estaba comparando varias pólizas de un cliente, cuando su iPhone sonó en su bolsillo del pantalón.

-¿Cariño, qué sucede?

-Hola amor, escucha bien y atiende, por favor, el tiempo cuenta ya en tu contra.

-¿Cómo, de qué hablas?

-Tú escucha. Ahora vas a conectar la cámara web remota de tu iPhone, allí tendrás todas las respuestas. Un beso, te cuelgo.

-Pero… ¿oye?

Carmen colgó presurosa, sin dar más información a su marido, el cual visto lo visto, dejó inmediatamente su puesto de trabajo, se dirigió al baño y encendió la webcam remota de su celular.


Rafa no se lo podía creer. Allí, en la pantalla del móvil, se veía a su mujer, inmovilizada en el juguetito que compró.


 Ella parecía excitada, mirando para uno y otro lado, intentando liberar sus muñecas sin ningún éxito. Rafa solamente podía ver perplejo la escena, cuando como saliendo de un momentáneo estado de incredulidad, pudo escuchar por el altavoz de su iPhone la dulce voz de su mujer.

-Holaaaa, mmm, ahora supongo que me podrás estar viendo con tu móvil. No pierdas la conexión cariño, vas a tener que mantenerme en línea todo el tiempo hasta que llegues a casa.

-¿Cómo a casa? ¿qué has hecho? ¿por qué…?

Ella lo interrumpió.

-Tranquilo, no pasa nada. Esto lo hago por los dos, estoy segura que ya estará muy gordota nuestra amiguita ¿me equivoco, jejeje? –refiriéndose a la polla de su marido.

Escucha atentamente. Acabo de bloquearme yo sóla en el cepo que compraste. Estoy con las bragas bajadas y tengo el culo y el coño bien expuestos ahí atrás, además me lo depilé todo. Ahora mismo estoy tan cachonda que dejaría que me la metiera un perro si tuviéramos uno, mmm –Su tono comenzaba a ponerse tembloroso y nervioso- Como ves, cariño, yo no puedo liberarme sóla, eso significa que tendrás que ser tú quien lo haga. Pero date prisa, tiene que ser ya mismo, hay algunas cosas que debes saber…-Rafa comenzaba a respirar rápida y entrecortadamente, fruto del miedo, la excitación y la preocupación por saber qué había tramado esta vez su sorprendente mujer- Bien, te lo voy a explicar lo mejor que me sale ahora, atento:

Antes de bloquearme aquí dentro, he llamado por teléfono a la pizzería del centro. Es la única que tiene solamente a chicos como repartidores. Les he dicho que quería una pizza 4 estaciones para la una y media aproximadamente. También les dije que si por alguna razón llamaban al timbre y no les abría, que mirase el repartidor debajo del felpudo, que dejaría una llave. El gerente se extrañó de eso, pero le convencí para que diera esa orden al repartidor que enviase. Supongo que ya te habrás dado cuenta de lo que pasará si tú llegas más tarde que el repartidor ¿verdad, cariño? Ah, y otra cosa, mmmm, debajo del felpudo escribí una nota también, en un momento de calentura total. Te he enviado una copia a tu correo.-Rafa no tardó en reaccionar y presionó el icono del mail. Saltó un correo de su mujer y pudo leer lo siguiente:


"Si eres el repartidor de la pizzería, ahí tienes la llave para abrir la puerta. Por cierto, me gustaría que supieras que los repartidores como tú, me vuelven loca, por eso me encuentro totalmente desnuda ahí dentro. Me coloqué en un juguetito que compré para que puedas meter tu pollón en mi jugoso coño, sin molestia alguna, no voy a resistirme. Por favor, fóllame fuerte y las veces que quieras, si lo deseas puedes correrte dentro. Pero date prisa, estoy muy caliente…"


Rafa al leer el mensaje, solamente pudo salir corriendo del baño, bajar las escaleras de la oficina y arrancar el coche, en menos de 1 minuto todo. Mientras conducía, dejó el móvil en el salpicadero y conectó el manos libres. Su mujer iba contándole más cosas.

-Cariño, yo sé lo que se tarda de tu trabajo a casa, y es justo el mismo tiempo que le queda al repartidor para llegar, así que date un poco de aire, a no ser que quieras ver por el móvil como un estudiante salido, se folla a tu mujer sin poder hacer nada para evitarlo.

El tráfico era bastante intenso a esa hora del día, y los semáforos parecían conjurarse para frenar la marcha de Rafa. Cada vez estaba más nervioso y preocupado. Sabía que de no llegar con rapidez, le iban muy seguro, a poner los cuernos, y probablemente se correrían dentro de ella, algo ya insoportable para él.

El tiempo pasaba muy deprisa y cada vez que escuchaba los gemidos de su mujer, deseosa por ser penetrada por cualquier polla, pisaba un poco más el acelerador, tanto que no se percató de que delante suyo había en ese momento un coche de la policía. Por suerte para él, pudo decelerar a tiempo, pero perdió unos segundos vitales…

Su mujer se mantenía tan excitada, que no se percató de que la puerta de su casa estaba siendo abierta. Alguien entró en la estancia, y ella en aquel aparato de tortura mantenía la forzosa y humillante postura, mostrando su culo y coño bien depilados, aunque lo quisiera, no podía mirar atrás, solamente podía escuchar los pasos. Pero ella no escuchó nada, demasiado silencioso el que entró. Carmen se quedó en blanco y fría cuando notó unas manos agarrando su cintura por atrás, iba a chillar, pero le taparon los ojos con un pañuelo y sin tiempo de reaccionar le pusieron una mordaza en la boca. Forcejeó sin éxito, y notó como una caliente polla comenzaba a penetrarla con suavidad al principio, para embestirla furiosa en unos instantes. Carmen, ya no podía saber ni quién era, ni cómo evitarlo, totalmente inmovilizada, ciega y muda. Tuvo que dejarse llevar. A cada embestida, un leve gemido salía de su amordazada boca, y acto seguido cachetazos en sus nalgas. Alguien la penetraba por atrás en silencio. Al otro lado del ordenador, ya no podía escuchar a su marido, por lo visto la conexión se había perdido o la habían interrumpido, eso no lo podía saber ella. Cuando parecía que ya acababa su “agresor”, notó una caliente sensación sobre sus arqueada espalda, el tío que se la había follado, acababa de correrse en su espalda, ella todavía no había llegado al orgasmo, todo pasó muy deprisa.

Después de esto, notó como le lamían el culo, la agradable sensación de una lengua traviesa rodeando su orificio anal, para alcanzar más tarde sus labios vaginales, no sin detenerse en su clítoris por unos instantes. Ahí fue donde terminó ella por correrse de placer, provocando una inundación de jugos que seguramente acabaron en la boca de su anónimo intruso.

Unos pasos, un cerrar de puertas, y silencio…Carmen se quedó otra vez a solas.

El tiempo que pasó no lo sabe con certeza, pero despertó de su relax post-orgásmico con la voz de su marido aporreando la estancia.

-¿Carmen? ¿Llego tarde? ¿Qué ha pasado? La comunicación se cortó de repente hará 15 minutos, pero…¿qué haces con los ojos vendados y esa mordaza?- Rafa se percató enseguida de que no era el primero que llegaba a la habitación. Se dio cuenta de unas manchas blancas en la espalda de su esposa…Diosss, había llegado demasiado tarde. Se apresuró a quitarle la venda y la mordaza a su joven esposa. Ella no pudo en ese momento articular ninguna palabra, solamente pudo soltar unas lágrimas y bajar la cabeza como disculpándose. Rafa, abatido, la liberó del cepo y después se dejó caer en el sofá completamente descolocado. Carmen se incorporó y lo abrazó en el sofá, se tocó por atrás con asco y se pringó con el semen del que había hecho cornudo a su marido, se fue corriendo a la ducha para limpiarse no solamente de su pringuez, sino también de sus pecados.


La esclava


Pasaron los días, Carmen estuvo sintiéndose culpable por la puesta forzosa de cuernos a su marido, y él apenas le dirigía la mirada, se sentía humillado. Al final Carmen tuvo que dar el primer paso para salir de la crisis, y fue muy directa.

-Cariño, ven por favor. Escucha, ya sé que mis juegos sexuales son a veces demasiado fuertes y el último creo que…en fin…me pasé. Por eso quiero compensarte. Desde hoy y solamente hasta que tú consideres lo contrario, quiero hacer tu vida sexual lo más placentera posible, voy a someterme s los caprichos que quieras- ella iba arrodillándose a sus pies conforme lo decía- quiero que mi cuerpo te sirva para el placer, necesito que recuperes tu hombría, por eso estoy dispuesta no solamente a ser una mujer para ti, sino una esclava sexual, por favor acepta mi regalo- en ese momento le hizo entrega mirando desde abajo hacia arriba y extendiendo sus temblorosos y delgados brazos, de un collar con una inscripción en la que podía leerse: “Esclava de Rafael”. Él no daba crédito, pero recuperó la sonrisa y aceptó el regalo. Cogió el collar y se lo colocó alrededor del frío cuello, apartando parte de su melena hacia un lado. Ella, de rodillas, bajó la cabeza y dejó hacerse. Acto seguido, ella le hizo entrega de un pequeño candado con su llave, él lo cerró en el collar, asegurando su cierre. Ahora solamente podría quitárselo él.

-Ejem, bueno, no sé muy bien qué pretendes Carmen, pero si es tu gusto el convertirte en mi esclava, no puedo negarme. Y ahora me gustaría que por casa andases siempre desnuda, del todo ¿comprendido?- ella aceptó con un movimiento de cabeza y comenzó a quitarse la ropa. Una vez desnuda, vestida tan sólo con el collar, Rafa la hizo ponerse de rodillas una vez más para que le chupara un poco la polla. Él se corrió en su cara pero le ordenó que no se limpiase, quería verla así, con las gotas de semen deslizándose por sus labios, pómulos y barbilla. Carmen tuvo que dormir toda manchada del semen de su marido aquel día. Ella se sentía ya mejor y su marido todavía más.

No fue hasta una tarde estival, que Carmen se percatara de un hecho hasta ahora ignorado por ella. Había pasado la primavera, había llegado el verano, y ella seguía prestando servicios de esclava a su marido. Todo el día desnuda en casa, obligada a follar si él lo pedía, o a tragarse su leche, o a mantenerla en su cuerpo, le apeteciese o no, y a él siempre le apetecía desde que ella tenía que obedecerla sin rechistar. Pero aquella tarde iban a cambiar las cosas…

Por lo visto, en el ordenador, Carmen se encontró con que tenía que liberar espacio el disco duro, y con un programa de limpieza de archivos temporales e innecesarios, descubrió un archivo de vídeo que ocupaba demasiado espacio. Hasta ahora no había reparado en eso, puesto que su disco duro era muy grande, pero después de unos meses descargando porno sobre bondage, se le quedó pequeño. El vídeo en cuestión ocupaba algo más de 20GB, lo cual era muy sospechoso. Su curiosidad, antes de borrarlo, la hizo comprobar de qué se trataba. Cuando lo reprodujo, se quedó perpleja. Por lo visto era una captura del día de la escena con el repartidor de pizzas, sin querer, puso la grabación automática de su ordenador, que la enfocaba de frente a ella. Acelerada por el pulso y el bombeteo de su corazón, mantuvo la respiración cuando llegó el momento en el que unas manos le ataban un pañuelo alrededor de la cabeza y le colocaban una mordaza. No podía ver la cara ni apenas el cuerpo del sujeto, porque la cámara enfocaba la cara de ella y un poco sus manos, pero pausó la imagen en las manos del extraño, aplicó zoom y…no se lo podía creer. Era el anillo de casado de su esposo. Sin lugar a dudas. Y en la otra muñeca la pulsera de plata. Ahora no tenía dudas. Su marido la había engañado, haciéndola creer que había sido otro el que se la folló, con el fin de que se sintiera culpable, para convertirla en una esposa más controlada y sumisa, y ella se lo había puesto a huevo, dejándose convertir en su esclava sexual. La venganza ya estaba gestándose en su cabecita…y se serviría fría, muy fría.



Las llaves del juego (4ª y Fin de la serie)


<< Se denomina BONDAGE al acto de atar, impedir el movimiento de alguien usando cuerdas, cadenas, pañuelos, etc. Puede ser físico o simbólico y puede realizarse de muchas formas. A menudo se confunde con el sadomasoquismo al tener cosas en común, les distingue el hecho de que mientras en el sado la inmovilización de la víctima es un medio que forma parte del maltrato, en el bondage es un fin en sí mismo. Suele tener un alto componente fetichista, se utilizan instrumentos como cadenas, cuero o máscaras. El bondage puro tiene un carácter artístico además de sexual. Aun hoy, en la actualidad, no tiene muy buena aceptación social esta práctica sexual del Bondage. >>



La Odisea de Rafa



Por muchas veces que queramos aprender de nuestros errores, al final acabamos tropezando siempre con la misma piedra, un hecho que nos recuerda lo vulnerable del espíritu humano…

Carmen estuvo dándole vueltas al asunto varios días. Tenía que demostrarle a su orgullo, que ella, “profesional” del bondage, consagrada practicante de escenas de auto-ataduras y sumisa así como dominante según la ocasión lo requiriese, podía poner en práctica un plan de venganza sensual contra su marido, usando todo lo que había aprendido en estos últimos meses. No obstante, buscó y pidió consejos en internet, leyó relatos, entró en foros y webs, se puso al día con técnicas que hasta ahora desconocía. Cuando tenía tiempo, iba y venía, comprando cosas. Su marido no le daba importancia, ambos compartían el gusto por el bondage, y aunque Carmen estuviera pagando su pena como esclava a su marido, a él, solamente le importaba poder atarla de vez en cuando y follársela, siendo algunas veces que disponía de otros juegos para gozar al límite, ya que a él también le entró el mono por el selfbondage; por eso muchas veces dejaba a su esposa desnuda y expuesta en el cepo, para acto seguido encerrarse él en una jaula para perros, teniendo el culo de su mujer a medio metro, pero sin poder tocarlo, no hasta que el hielo derretido liberase la llave para salir de la jaula. Eso le excitaba tanto, que era abrir la jaula y correrse en el culo de su mujer, que no podía hacer otra cosa que aguantar la postura mientras duraba aquella fantasía cumplida.

El día adecuado llegó, como llegaban las primeras nieblas del Otoño, silenciosas y embriagadoras, sin dejar ver lo que se ocultaba en su interior. Era el cumpleaños de Carmen, y a ella solamente le faltaba un detalle…antes de todo, tenía que liberarse de sus prejuicios.

Rafa se encontraba delante del ordenador, justo como Carmen quería.

-Cariño, creo que voy a comprarte un juego nuevo de brazaletes y collares, al fin y al cabo es tu cumpleaños ¿Te gustan, hago el pedido?- En ese momento Carmen cogió el ratón y pinchó sobre un icono dentro de una carpeta, saltó la reproducción de un vídeo harto conocido por ella.-Emm, yo…no sé qué decir ¿Cuándo lo descubriste, amor?- Carmen le besó en la mejilla a su marido y le dijo:

-No pasa nada, aquel día me lo pasé genial en el fondo, aunque me tendrás que compensar estos meses por ser tu esclava, además creo que me lo debes, es mi cumpleaños.

-Claro cielo-Asintió dulcemente él.

-Y por cierto -se apresuró ella- no hagas planes para esta tarde-noche –Rafa se quedó sin respiración por unos instantes, ya sabía de sobra lo placeres y gustos de su mujer, y un poco de excitación creció en sus pantalones…

Para cuando Rafa quiso darse cuenta, ya estaba fijado en el cepo, con su cuerpo desnudo y su polla izada a punto de reventar, mientras Carmen traía y abría unas cajas guardadas en el sótano del inmueble. De una de ellas sacó lo que parecía una extraña balanza con una barra muy larga en el centro, de otra caja lo que parecían dos enormes platos. Los colocó en la balanza. Después subió una palancana, del mismo diámetro que los platos de la balanza y unas pesas metálicas. Llenó la palancana con agua y dispuso ésta encima de un plato de la balanza, colocando al mismo tiempo las pesas metálicas en el otro plano, quedando la balanza desnivelada a favor de la palancana de agua. Luego abrió otra caja y sacó unas cuerdas y una especie de mecanismo metálico para pasar las cuerdas. Enganchó un extremo de la cuerda al seguro del cepo, estiró la cuerda y la enganchó al extraño mecanismo y ató el otro cabo a una argolla que salía del plato de la balanza donde estaba la palancana con el agua, acto seguido, dirigió una sonrisa a su marido y le besó en los labios, un beso intenso, cálido y baboso, metiéndole la lengua hasta el mismo fondo, haciendo estremecer el cuerpo de Rafa y manteniéndole bien enhiesta su polla.

Carmen se fue un momento de la estancia y volvió con unas esposas. Puesto que la cama la tenían enfrente mismo del cepo, no le supuso dificultad dejarlas enganchadas en los barrotes de la cabecera de la cama, bajo la atenta mirada de su excitado esposo, el cual todavía ignoraba la secuencia que seguiría. Después de esto, Carmen se fue a la puerta de la casa, la abrió, salió un momento, volvió a entrar y cerró la puerta.

-Bueno cariño, como habrás observado –le iba diciendo mientras se despojaba de toda ropa- estás bloqueado en ese cepo, y yo voy ahora a bloquearme en la cama mediante las esposas, he dejado las llaves en el felpudo, de tal modo que solamente si te liberas tú, podré liberarme yo. Además me ataré los tobillos a los pies de la cama –le decía mientras, ya desnuda, sacaba unas cuerdas del cajón de la mesita de noche- la única forma que tendrás para liberarte será si consigues beberte todo el contenido de esa palancana, porque así la balanza se inclinará tensando esa cuerda que engancha el seguro del cepo, haciendo que este salta para afuera, liberándote a ti de él. Es un mecanismo muy simple, peo requiere de una llave que no existe, bueno sí, de tu capacidad para beber- le dijo mientras no paraba de soltar unas carcajadas, con esto último- Pero no quiero ponértelo tan fácil –ahora su marido la miró con preocupación, mientras ella le tapaba la boca con cinta aislante y mediante un pequeño corte en la misma, le introducía un tubo de plástico cuyo extremo todavía quedaba en el aire, aunque obviamente iba a ser introducido en la palancana- el líquido que vas a tener que beber, no solamente llevará agua, no, no, cariño- en ese momento, se aproximó a la palancana, se situó encima de ella e inclinándose un poco, comenzó a derramar su amarillenta y caliente orina; Rafa no paraba de mirar como su esposa meaba en el agua que tendría que beberse, y lo peor es que parecía no tener fin, su orina era abundante- Como ves cariño, ahí tienes la razón de estar todo el día bebiendo café, jajaja -burlona y con cara de satisfacción- En la palancana hay como unos 3 litros de agua fresca, mezclada con un “poco” de mi calentito pipí, buen provecho –entonces se fue hacia el otro extremo del tubo y lo introdujo en la palancana –Tendrás que absorber fuerte la primera vez, luego ya va sólo.

Carmen se ató los tobillos a la cama y se colocó una esposa, la de la mano izquierda, dejando así su mano enganchada al barrote de la cabecera de la cama. La otra mano la dejó libre, para poder dedicarla a otros menesteres. Mientras esto ocurría, su marido todavía mantenía el espíritu frío, y no había absorbido nada, aunque eso iba a cambiar con un simple gesto de su querida esposa, la cual con la mano libre, alcanzó a coger el móvil de la mesita, y llamar a un número, mientras Rafa solamente podía seguirla con la mirada y atento con el oído.

-Sí, hola, ya está todo dispuesto, pásate cuanto antes, tienes 15 minutos, según lo acordado- En ese momento, Rafa palideció, sin poder reaccionar, le pasaron mil imágenes por su cabeza –Bueno cariño, ya te dije que no te lo iba a poner fácil, acabo de llamar a una persona, que en 15 minutos vendrá. Le dije que si me encontraba atada todavía a la cama, podría disponer de mi cuerpo como se le antojase- tocándose el coño, mientras le dirigía una mirada a su impotente marido desde la cama –Así que ya sabes, tiene menos de 15 minutos para liberarte y liberarme, en el felpudo no solamente dejé las llaves de las esposas, sino también las de la puerta de casa, y esa persona ya sabe dónde encontrar ambas.

Le faltó tiempo a Rafa para forcejear en el cepo, pero era imposible, y mientras abajo, su mujer comenzaba a levantar el culo del colchón, frotándose con la mano suelta la zona de Venus, acariciando y masajeando su mojado coño, introduciéndose varios dedos…estaba muy caliente. Él sabía que esta vez no iba a tener tanta suerte, absorbió tímidamente unas primeras gotas de líquido, y el ácido sabor le hizo recordar cómo pudo llegar a tiempo la última vez que casi se follan a su mujer, recordó cómo frenó ante el policía en la vía, y cómo enseguida dio un volantazo para girar por otra calle y perderlo de vista, atajando por callejuelas infestadas de tienduchas, esquivando transeúntes y vendedores de todo tipo y condición, tras otro sorbo, esta vez más intenso, sus pensamientos fueron para recordar la calentura y excitación que sufrió mientras ya desesperado por creerse perdedor, subía las escaleras del parque, ignorando los formales saludos de sus vecinos del barrio, que lo miraban como a un bicho raro, sorprendidos por su enajenada marcha. Alocadamente y dirigiéndose a la puerta de casa, con el pulso a punto de hacerle reventar el fatigado corazón, introduciendo la mano en los bolsillos, buscando desesperado la llave de casa, sin tiempo para ver si había otra o no debajo del felpudo, solamente quería entrar, quedándose helado al recordar que las prisas le hicieron dejar las llaves del coche puestas y con estas las de casa, inclinándose ahora sí a por la llave del felpudo, suplicando que allí siguiera todavía…otro sorbo más de la orina acuosa de su mujer y el feliz recuerdo de lo que sucedió después, corriéndose sobre su vulnerable e indefensa mujer. Rafa absorbía lentamente, presa del miedo, la excitación y el asco a aquel líquido infecto. No sabía el tiempo que le quedaba, pero a su ritmo, la báscula bajaba demasiado despacio, y necesitaba acelerar la marcha, que interrumpía de vez en cuando su excitadísima mujer cada vez que alcanzaba un orgasmo allí atada en la cama.

-Cariñoooo, sabes que te quiero mucho, pero vas a tener que beber deprisa, porque yo estoy demasiado caliente y demasiado bloqueada como para evitar lo que podría venir.

-Mmmmm – Su marido no podía pronunciar palabras, y a cada vez que quería decir algo, tosía, haciendo verter babas y mezcla de orina con agua directamente a la palancana, invirtiendo en su contra la posición de la balanza.

-No te esfuerces, céntrate en beber, ya queda menos, vamos, tú puedes ¿o es que no me quieres bastante?

Él no sabía si lo decía en serio o estaba provocándole, para poder alcanzar más fácilmente un orgasmo tras otro allí atada en la cama.

Estaba cerca de tensar la cuerda al máximo, y de agotar los más de 3 litros de líquido, cuando un sonido característico se dejó escuchar en el dintel de la puerta.

-Cielo, creo que ya ha llegado, ¿todavía no has bebido todo?

-Mmmmm, ggggmmmggg…

El sonido del cerrojo de la puerta dio paso al sonido de unos perturbadores pasos, cadenciosos, casi inaudibles. Rafa no podía soportar aquello y absorbió violentamente otro trago, el que creía definitivo para ser liberado, pero presa de la angustia y el pánico, el forcejeo de su cabeza hizo que el extremo del tubo se saliese de la palancana; su mujer que se había dado cuenta del fallo, solamente pudo abrir la boca y exclamar un “Noooooo” enorme; para cuando Rafa se dio cuenta de lo que había provocado, unas figura desconocida se adentraba en la penumbra de la estancia…



Final



Aquel cuerpo, embutido en negro látex, no dejaba ver mucho del aspecto real del individuo. Rafa seguía forcejeando ya sin esperanza en aquel cepo que él mismo había regalado a su esposa. Carmen indefensa en la cama, acababa de tener un último y mojado orgasmo, respirando entrecortadamente, pero todavía manteniendo la excitación inicial, puesto que su calentura aquella noche, muy preparada, la mantenía dispuesta a todo.

El negro látex del intruso se fundió con las sombras de la mirada de Rafa, sostenida en él. La figura, alta y enérgica, sin decir una palabra, se acercó, dando la espalda a Rafa, que no podía hacer ya nada, para al menos presenciar como miraba a su mujer, totalmente desnuda, atada y empapada de sus propios jugos orgásmicos. Con aire de presunción, separó más las ya de por sí abiertas piernas de su mujer, agachándose a la vez que se descubría la máscara, mostrando a Rafa, que lo veía por la espalda, un corte de pelo cortísimo, y muy rubio, plateado casi. Supuso que comenzaba a lamerle el coño a su mujer, porque ella comenzaba a agitarse y a gemir como una perra en celo. Entonces se detuvo, apartándose para dejar ver a su mujer, la cual, con cara radiante, algo que enrabiaba a Rafa, le dijo triunfante:

-He tenido que sufrir mucho para llegar a esto, cariño. He tenido que descubrir mi lado oscuro y probar nuevas formas de placer. Pero ahora, he sido recompensada. Aunque hay una sorpresa que me reservo para el final, antes quiero presentarte a Olga.

Rafa simplemente se quedó helado, ¿Olga? ¿Una mujer? ¿Acaso no era posible?, solamente le había visto el pelo, y era corto, bien podría ser el de una bollera.

-Sí cariño, no te pongo los cuernos con un hombre, eso sé que no sería de tu agrado, por eso he decidido hacer amistad con Olga, a la que le van los hombres y las mujeres. Es increíble la de personas que conoce una por el chat.

Olga se despojó del traje de látex y se mostró ante Rafa. Era increíblemente bella. Pelo corto, sí, platino, pero su figura bien recortada y sus abultados pechos, resaltaban su feminidad. Se había depilado la raja, mostrando apenas unos pocos pelos púbicos en forma de cuerda vertical, sobre el coño, que mostraba síntomas de excitación. Ella agarró con su mano diestra el rostro de Rafa y le dijo:

-Hola cielo, veo que tienes una mujer guapísima, y que tiene ganas de follar…claro que…posiblemente hoy no cene rabo, jajaja. Me parece que le voy a comer el coño hasta que se corra la muy cerda en mi boca, después haré yo lo mismo en la suya y tú tendrás que verlo todo desde ahí –Su voz se mostraba cruel con Rafa, en cambio Carmen parecía aprobar todo lo que decía ella –Pero te voy a dar una última oportunidad, me caes bien, jajaja –Olga se dirigió a la palancana y agachando un poco su cuerpo, orinó también en ella, rellenando con su orina humeante de vapor la misma. Después cogió una botella de agua mineral y la vertió entera también, un litro y medio más. Precintó el tubo de plástico que antes había escapado de la palancana a la misma, asegurando esta vez que no volviera a suceder lo mismo y de pie frente a Rafa le dijo lo siguiente:

-Bueno, Ahora tengo que follarme a tu mujercita, si bebes todo lo que tienes ahí, dejaremos que te unas a nosotras, buena suerte – y le lanzó un besó con la palma de las manos…

Cuando Olga comenzó a comerle el coño a Carmen, Rafa ya tenía media palancana vaciada en su estómago, pero no podía más, antes había bebido mucho y le entraron ganas de orinar y puesto que su polla permanecía todavía erecta, el pis alcanzó directamente a Olga por la espalda, la cual se levantó de golpe, dejando a Carmen entre suspiros…

-Cerdo, ¿se puede saber qué haces? –agarró la polla de Rafa, que seguía derramando pis a raudales, mientras con la otra mano cogía la ya vacía botella de agua, haciendo dirigir el chorro directamente a ésta.-Así, jajaja, todo lo que mees, servirá para rellenar la palancana, vas a tener que beberte tu propio meado.

Rafa no podía detener el pis, para cuando acabó, Olga había conseguido llenar dos quintas partes de la botella con su propia orina, la cual vertió directamente sobre la palancana. Rafa probó a absorber una vez más, desesperanzado, pero esta vez el asco le hizo desistir, y dándose por vencido tuvo que escuchar y ver cómo su mujer tenía un orgasmo en la boca de Olga, y ésta después en la de su mujer. Al rato, su polla se quedó fláccida, y como un colgajo frente a esas dos maravillosas hembras, provocó la risa no solamente de Olga, sino también de la de su mujer, la cual ya liberada por Olga, justo para poder ponerse a cuatro patas frente al marido y ser perforada por un dildo de enormes proporciones que Olga se ajustó en un arnés, le dijo entre jadeos:

-Vamos a tener, ahhh, que hacer algo con esa pollita, ahhh, siii, asíii, sigue…Olga, ya puedes traer mi regalo.

En ese momento Olga dejó de perforar el culito de Carmen, se levantó de la cama, y se fue hacia un bolso, que había dejado al entrar, aunque Rafa no podía ver de ningún modo, estando como estaba. Al momento le entregó algo a Carmen y siguió penetrándola desde atrás. Ella mientras era penetrada, le mostró un juguetito a su marido:

-Mira cariño, Olga y yo, hemos pensado que puesto que no eres capaz de liberarte, y dejas que otra mujer se folle a la tuya, ahhh –seguía jadeando ante los impulsos de Olga desde atrás –será mejor que ponga a buen recaudo tu cosita, total, para no poder usarla…- y dicho esto, le mostró lo que parecía un cinturón de castidad, transparente. Rafa palideció una vez más. –Vamos cariño, aún podrías liberarte –sonriéndole burlonamente mientras le colocaba un anillo alrededor de los huevos y le aprisionaba la fláccida polla en aquel aparato –mira, este es el candado –mostrándole un pequeño cerrojo con contraseña numérica- pero si puedes liberarte a tiempo, no lo cerraré- seguía entre jadeos- Tuya es la decisión, te daré un poco de tiempo, luego lo cerraré, y que sepas que la contraseña es de 6 digitos, y solamente 3 de ellos son sabidos por mí, los otros 3 los sabe Olga.

Rafa casi derrumbado por lo que se le venía encima, absorbió forzadamente, una vez y otra, mientras su esposa mantenía los dedos a punto de cerrar el candado en el cinturón de castidad, cuando ya casi iba a poder liberarse del cepo, apenas unos pocos sorbos quedaban, Olga embistió como nunca, esta vez directamente dentro del coño de Carmen, que alcanzando el orgasmo provocó un involuntario gesto con los dedos, al tiempo que Rafa conseguía liberarse de su cepo, pero helándosele la sangre al escuchar un “click” cerca de su encerrada polla. Carmen inocentemente había provocado la castidad de su marido y él aunque ya liberado del cepo, se quedó de rodillas delante de la cama y frente a la cara de su mujer, que rebosaba felicidad, a la vez que Olga se levantaba rápidamente de la cama, y ponía tierra por medio, sin dar tiempo a Rafa para reaccionar, viendo como ésta se alejaba presurosa, recogiendo su traje de látex y desapareciendo bajo el dintel de la puerta de entrada…

Los días que siguieron, descubrieron a un Rafa dispuesto a complacer los placeres de su mujer, que había acordado que él se mantuviera sin posibilidad de correrse alguna, gracias al cinturón de castidad, tanto tiempo como el que ella había pasado de esclava bajo la dominación de su marido. Mientras tanto, ella debería tener encuentros con Olga, porque ese era el otro trato que mantuvo con esta, o no le daría los 3 números necesarios para abrir el candado. Obviamente Rafa sabía que podría cortar aquél cinturón de metacrilato o forzar la cerradura, pero la venganza que su mujer le preparó le excitó tanto, que él mismo sugirió la idea de prolongar su castidad si se oponía a los deseos sexuales de su mujer, que como buena amante del self-bondage, no pudo negarse…y es que las llaves del juego siempre estuvieron en ellos mismos y en el amor que se tenían.

EPÍLOGO


Un día llegó el final de la pena impuesta por Carmen, él la besó en los pies, subió por la pierna, alcanzó la vulva, ascendió hasta el ombligo, rodeó los pezones, prolongó la lengua hasta el cuello, y besó ardientemente sus labios, para acariciar su melena con las manos, recorriendo los surcos y ondulaciones que producía la misma. Olga se tocaba observando la escena, y mojando sus dedos en los labios, se los introdujo cálidamente en su coño abierto, ante la mirada del matrimonio, que arrodillándose ante ella, comenzaron a lamerle los pies, luego las piernas, y deteniéndose en su jugoso coño, no tan depilado en ese momento. Olga desde arriba, agarró la cara de Carmen y la besó, después la de Rafa y la besó…Olga se levantó, se puso la ropa y se despidió, dejando a Rafa y a Carmen en una jaula para perritos, separados el uno del otro, sin poder tocarse, aunque acercando sus caras como queriendo hacerlo. Olga les había dejado las llaves en un bloque de hielo sobre la misma; ellos tuvieron que esperar que el calor de sus fogosos cuerpos y el ambiente, provocasen el derretimiento, para una vez más ser liberados, por las llaves del juego.


F I N


YIYI: LA MASCOTA HUMANA


Nota del autor: el relato que leerán a continuación es puramente ficticio y en parte, basado en una película de gran actualidad cuyo contenido además de creativo es básicamente una crítica a las actuales redes de trata de blancas, ciertamente reales pero que para nada guardan relación con el mundo del BDSM; es por ello que estas líneas no van a describir el guión de la película ni quiero que se le parezca. Una advertencia última al hipotético lector de este relato: lo aquí descrito puede herir la sensibilidad de cualquier lector, incluso de los más "sádicos", es por ello que no lo recomiendo a los que no gusten realmente del género Dominación/BDSM. ¡Gracias y disfruten del relato! (Vascopais3)(Rafa Goi)
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I - Introducción

"La opción de dejar de preocuparse nos hace esclavos"


Sara ojeaba una revista sobre paraísos inexplorados y países cuyo nombre o localización no figuraba ni en los mapas. Estaba buscando algo, aunque no sabía muy bien el qué. Tuvo que interrumpir bruscamente su lectura para atender al móvil. Era su malestar diario, siempre y a todas horas tenía que hablar con mucha gente importante; ella era secretaría personal del embajador de su país. Acabó la llamada y ya tenía otra esperando, estaba realmente ofuscada.
Al finalizar la jornada se fue a su casa cansada, su marido (Ernesto) ya la esperaba, él no tenía ni que salir de casa porque era informático y apenas salía de su habitación y su ordenador, todo lo podía resolver desde allí y además le pagaban mejor que a ella. De hecho era así como su marido había creado un pequeño imperio, y ahora vivían en un palacete señorial con criados y todo. Sara no tendría que trabajar si no fuese porque necesitaba hacer algo para sentirse bien con ella misma. Aunque ello le crease estrés y se sintiese siempre de mal humor a causa de la responsabilidad tan enorme para con su embajador y lo que podría representar un error suyo para el país. Las relaciones diplomáticas eran demasiado importantes como para olvidar una cita, una fecha o a cierta persona con la que mantener una charla en la comida o cena.
Se tiró en el sofá nada más llegar y apenas dijo hola a su marido, que estaba en el sillón sentado con su portátil; la verdad es que nunca descansaba, sobre todo desde que perdió a "Yiyi", la perrita que tan agradables momentos le brindó. Era su única distracción en la casa y durante el trabajo, porque estaba todo el día sólo y los criados se ocupaban de otros menesteres. Cuando se cansaba de trabajar salía al patio, y en el jardín sacaba a Yiyi para lanzarle el palo y que lo recogiese. Todo iba de perlas con la perra hasta que un aciago día Yiyi decidió salir de los límites del palacete y al ir a cruzar la carretera un coche la atropelló. Desde ese día su marido ya nunca más fue el mismo y tampoco quiso otra perra como mascota. Ni Sara ni los criados pudieron convencerle.
La relación de la pareja parecía deteriorase con los días. Sara agobiada de su trabajo del que no podía librarse y su marido como ausente, ya no era ni el mismo en la cama. Solamente follaba para complacer a su estresada mujer pero sin pasión. Y ella solamente follaba para liberar tensión, pero sin prestar atención a las necesidades reales de su marido. Aquello era más parecido a un matrimonio de conveniencia que a uno por amor y real. Pero todo eso cambió un día.
El marido de Sara estuvo encerrado en su habitación varias semanas, por lo visto su trabajo así lo requería, aunque tampoco Sara sabía nada, apenas salía para comer o cenar y por la noche dormir junto a ella. Si le preguntaba algo acababa enfadándose y volviendo a la habitación, y ella se volvía loca, no sabía qué tramaba su esposo. Al final acabó por desistir y dejarlo por imposible. Se refugió en sus revistas y documentales del National Geographic. La servidumbre, como previó la separación del matrimonio se volvió sumamente complaciente con los caprichos y manías del matrimonio, intentando de esta forma hacerse imprescindibles para su vida futura, ya fuese por separado o tal y como seguían.
Cierto sábado, con Sara en la sala de estar leyendo una revista, se le acercó su marido para decirle algo importante. Se le veía un rostro dulce, sonriente y con una mirada un tanto complicada de describir, como queriendo ocultar algo esencial.
-Cariño, sabes que he estado unas semanas refugiado en mi habitación de trabajo. No quiero que pienses que te olvido, es más te quiero mucho y por eso he estado buscando una solución a lo nuestro. Sé que estás estresada y harta de responsabilidades, sé que además no puedes estar inactiva y yo hecho de menos a Yiyi, como sabes. Resulta que he conocido a gente muy interesante en internet, gente con los mismo problemas que nosotros, personas a las que les faltaba algo en su vida y lo solucionaron. Te hablo de poner en práctica a prueba, eso sí, y siempre con tu consentimiento, una especie de experimento. Algo que podría acabar con nuestros pesares.
-¿Un experimento? ¿de qué estás hablando cariño? -un poco nerviosa a la vez que expectante, Sara.
-Bueno, se trata básicamente de confiar el uno en el otro, de liberarte de tus responsabilidades y a la vez de satisfacerme a mí.
-¿Liberarme de mis responsabilidades? eso estaría bien, pero sabes que no puedo dejar mi trabajo.
-Oh cariño, tranquila, tendrás tareas que hacer, pero no tendrás responsabilidad alguna, déjame a mí que cargue con todo.
-Pero a ver, ¿esto de qué va? No entiendo qué pretendes.
-Bueno ante todo calma y no me tomes por loco, el experimento es complicado de explicar y algo más de entender, pero intentaré que lo comprendas. Ante todo déjame hablar y no interrumpas, por favor.
Ernesto le explicó a su mujer que el objetivo era convertirla por unos días en una mascota, como una perrita, de hecho en la sustituta de Yiyi. Ella debería comportarse como una perrita, hacer lo que hacen las perritas y liberarse de toda responsabilidad, pasaría a ser meramente la mascota de su marido y sin más preocupaciones que las de ser amaestrada por él. Sara no salía de su asombro con lo que le iba diciendo tranquila y razonablemente su marido, Dios mío, quería convertirla en Yiyi.
-¿Estás loco Ernesto? ¿pero cómo es posible que quieras eso? ¿de verdad eso es lo que te gustaría? ¿lo dices en serio?
-Mira, cariño, sé que es raro, muy extraño, pero date cuenta que es a prueba por dos días de nada, a ver cómo cambia tu forma de ver las cosas y las mías. Si no te gusta siempre puedes dejarlo, no hay barreras, solamente depende de ti, es tu elección. Te prometo que nunca he estado tan convencido y excitado como ahora. Si aceptas por sólo experimentar, te darás cuenta que tengo razón y que es lo mejor. Pero como ya te he dicho, es tu elección y dejaré que lo pienses lo que necesites.
Sara se fue alterada al jardín, no quería ni recordar lo que le había propuesto su marido. Era demasiado raro, muy raro, y le parecía como un sueño. Quizás todavía dormía y era eso...pero no. Estaba en el jardín, era un sábado precioso de azules y blancos en el exterior y la verde hierba salpicada por minúsculas gotas de agua se plegaba al paso de sus precipitadas zancadas hacia el centro del jardín, donde una fuente de transparente y a la vista fresca agua le esperaban. Sara reposó su respingón culito en la fría piedra que bordeaba la fuente, se puso a pensar en ese momento en todo lo que acababa de oír. La idea le parecía demasiado peligrosa para su integridad, además ¿qué pensarían los criados?, madre mía, qué complicado era todo. También sopesó lo que le dijo su marido de acabar con sus preocupaciones, sus responsabilidades. Podía mandar perfectamente todo el trabajo a la mierda y convertirse en la protegida de su marido, en su mascota...eso le asustaba pero la excitaba al mismo tiempo. Era demasiado arriesgado, pensaba constantemente, demasiado extraño...Sara acabó durmiendo extasiada de tanto pensamiento contradictorio sobre un manto de tupida hierba recién cortada.

II - Dos días de prueba

Sara lo decidió en la cama. Entre jadeos y entre sudores. Aquella noche su marido estaba realmente excitado, y eso que ella no había accedido aún.
-¿Oye? ¿y si tengo que ser tu perrita? jejeje ¿no podré follarte cariñito? le decía mientras cabalgaba sobre él.
-Ahhh, pues, no sé aún como está eso, en teoría no. Date cuenta que el experimento tiene que ser serio, y que yo sepa las perritas no follan con humanos normalmente.
-Mmmmm, pues vaya...qué rabia, lo que voy a ganar en despreocupaciones lo perderé en sexo.
-Tranquila cariño, si aceptas, dejaré que te masturbes, eso no puedo prohibirlo. Serías libre como perrita para hacer lo que suelen hacer las perritas, jajajaja.
Y así, entre risas, despreocupaciones y orgasmos, la pareja se quedó dormida. Al día siguiente tendrían una mañana que nunca olvidarían.
Ernesto lo tenía ya todo preparado desde que en internet contactó con gente experta en el tema del adiestramiento. Condujo a su mujer a la habitación y le enseñó un collar plateado, muy fino, un collar exclusivo para ella y esos dos días de prueba.


-Este será tu collar si aceptas cariño. Lo deberás llevar puesto en todo momento, será tu collar de perra. Todos los perros llevan uno, ya lo sabes.
Ella estuvo observándolo de rodillas, lo acarició con las manos dejándose seducir por el brillo que desprendía y el calor que transmitía. No pudo contenerse y le dijo que sí aceptaba. Pero antes tenía que decirle qué iba a pasar con los criados, que ella se moriría de vergüenza. Él le dijo que esos dos días no habría criados, que él se ocupaba de todo y la casa entera estaría para los dos. Ella así se quedó mucho más tranquila. Mientras devolvía el collar a su marido para que se lo pusiese, él le iba comentando los pequeños detalles del experimento.


Eduardo le dijo que inclinara la cabeza para la puesta del collar, y ella lentamente y con el rostro serio a la vez que tembloroso fue bajando la cabeza, como si de una perrita amaestrada se tratara. Sonó un "clic" por detrás de su cuello y el collar quedó perfectamente fijado. Después de eso, Ernesto se aproximó a un cajón de la cómoda y sacó un pequeño objeto a modo de mando de televisión, pero más pequeño y con un sólo botón.
-Bien cariño, antes de nada, y ya que aceptaste este experimento por dos días, tienes que saber que los perros no hablan, por ello debes de mantenerte callada, en todo caso podrás "ladrar" o sea, dirás "guau, guau", y para asentir moverás tu cabeza hacia arriba y hacia abajo, para negar de derecha a izquierda ¿entendiste?
Sara, levantó lentamente la mirada y asintió con la cabeza perfectamente como le explicó su marido.
-Y otra cosa, la más importante, como perrita que serás a partir de ahora, vete olvidando de la ropa, deberás ir en todo momento desnuda. Así que quítate ya esa ropa, que no la vas a usar.
Sara algo sorprendida, dejó que sus impulsos del momento la guiaran y poco a poco fue despojándose de la ropa, dejando ver un cuerpo inmáculo y blanquecino, con unos pechos pequeños pero bien puestos. No tenía vergüenza porque allí no había nadie más que ella y su marido, así que actuó con toda normalidad.
-¿Ves este mando? es para aplicar una descarga eléctrica por control remoto al collar que te acabo de poner. Servirá para tu entrenamiento.
Ernesto lo probó, apretó el botón y Sara notó al instante una sacudida en su cuello, lo que le hizo pegar un sonoro grito.
-Sara!, los perros no gritan, ya te dije, si no aprendes rápido, tendré que aplicarte más descargas como esta.
Sara comprendió enseguida y como no quería contradecir a su marido, se puso a gemir: mmm..mmmm.mmmm, como cuando lastiman a un perrito de verdad.
-Así me gusta, veo que aprenderás rápido.


Después de que se desnudase totalmente, y de rodillas como estaba, Ernesto decidió bautizarla, darle un nombre, y qué mejor nombre que el de su anterior mascota: Yiyi. Así se llamaría, Yiyi, pero esta vez era algo más que una simple mascota, también era su mujer, aunque de momento y por dos días, su perrita antes que otra cosa. Sacó una correa de metal y la enganchó a una arandela que prendía del collar de Yiyi.
-Vamos Yiyi! al jardín, hoy empieza tu entrenamiento.


Con Ernesto tirando de la correa y Yiyi a cuatro patas siguiéndole, salieron ambos al jardín. Al principio Yiyi se sintió rara, a cuatro patas por la hierba que antes solamente pisaba con los zapatos, ahora sentía el frescor de la misma con todos los receptores sensitivos de los pies y las manos, a la vez que sentía los tirones de su marido en el cuello, en adelante amo.


En el jardín Ernesto comenzó a jugar con Yiyi, hizo como con su anterior perra, le lanzó un palo a cierta distancia y Yiyi corrió al trote y siempre a cuatro patas a por el palo, que se lo trajo en la boca. Yiyi sabía perfectamente lo que hacían los perros en esos juegos. Después de un buen rato de correrías por el jardín, Ernesto pensó que sería buena idea leer un libro. De esta forma se metieron dentro de casa otra vez y se sentó en el sillón azul favorito que tenía, por supuesto Yiyi a sus pies tumbada y siempre agarrando él la cadena. Decidió ponerle un antifaz, para que experimentara con todas las sensaciones y olores, como hacen los verdaderos perros. Yiyi estaba espléndida allí tumbada y totalmente expuesta sobre la multicolor alfombra.


Yiyi a ciegas y tumbada solamente podía percibir por su tacto y oído, además comenzaba a afinar su olfato, los zapatos de su amo estaban cerca, podía sentirlo, un olor fuerte a hierba chafada. Su cuerpo comenzaba a describir la forma de la alfombra, cada vez se sentía más segura al lado de su amo y más tranquila, estaba relajada, sobre todo después de las carreras tras el palo en el exterior de la casa.
Ernesto decidió que ya era hora de analizar en un primer plano las sensaciones de su Yiyi, su amor, su perra, su mascota. Le quitó el antifaz y le dijo:
-Bien Yiyi. Ahora quiero que hables, que me digas qué sientes -Yiyi sobresaltada se levantó de rodillas y extrañada y como con temor le dijo bajito:
-¿Hablar? ¿puedo? ¿me dejas?
-Claro Yiyi, esto es de prueba, y necesito saber cómo te sientes.
-Am, pues, jejeje, no sé, tengo ganar de ir al servicio, no he orinado en todo el día.
-Bueno Yiyi, eso depende de mí, tú debes ir cuando yo lo considere, eres mi perrita, ¿recuerdas?
-Aja, asintió convencida.
-Te preguntaba sobre qué sentiste en estas pocas horas como perrita, cariño.
-Bien, pues, no sé, es algo raro, despreocupación, tranquilidad y algo de nerviosismo y excitación a la vez. Estoy experimentando sensaciones que nunca antes había podido ni imaginar. No sé, igual es que me lo estoy tomando muy en serio esto.
-De eso se trata exactamente amor. Me encanta. Ha sido de momento el mejor día de mi vida, y quiero que te pase lo mismo. Si me dejas, podemos continuar con el adiestramiento, ven, te tengo reservada una sorpresa, y recuerda, ya no hables más, hasta que te lo pida.
La condujo al recibidor. Para su asombro allí en medio del pasillo había una especie de jaula piramidal. Estaba confeccionada en acero y parecía una estructura muy sólida. Por lo visto tenía un cierre en la cúspide de la pirámide, con un grueso candado.
-Esta será tu habitación para dormir Yiyi, una jaula especial para alojar a una perra tan grande como tú, jejeje. Como ves, tiene un candado en lo alto, se abre por un lado y solamente yo puedo abrirlo, esta noche la pasarás aquí y me aseguraré de que quedas bien alojada.
Ernesto abrió el candado con una llave que tenía en el bolsillo y uno de los lados de la pirámide metálica se abrió hacia abajo, momento en el cual una estupefacta Yiyi, muy nerviosa y a cuatro patas fue introduciendo su cuerpo en la pirámide. Dentro apenas podría ponerse en pié, debería permanecer tumbada constantemente y por supuesto desnudita y a la intemperie, sin mantas. Una vez dentro, Ernesto cerró la pirámide y puso el candado, asegurándose perfectamente de que era imposible salir de allí. Acto seguido le puso a Yiyi el antifaz.
-Quiero que sigas con el antifaz, Yiyi, así experimentarás en profundidad tu nueva personalidad.
Allí la dejó tumbada, desnuda, con el antifaz y el collar puesto y encerrada en la jaula. Yiyi apenas podía ponerse cómoda sacando uno de sus pies por entre los barrotes...las luces del recibidor se apagaron, ella no notó la diferencia.


A la mañana siguiente, ya en Domingo, último día del experimento, Ernesto fue a despertar a Yiyi, todavía dormida en aquella jaula. Apretó el botón del control remoto y una sacudida hizo estremecer a Yiyi, despertándola del sueño instantáneamente. Esta vez no grito. Apenas gimió: Mmmmmmm.
-Vaya! qué bien has aprendido ¿eh?. Espera, te quitaré el antifaz, hoy quiero que veas todo el día. ¿pero qué es esto? -Ernesto dirigió la mirada a un charco amarillento al otro lado de la jaula. Yiyi se había orinado.-Perrita mala, no podías esperar a salir al jardín no..tenías que hacerlo aquí...
Yiyi se sintió mal por su comportamiento, no pudo evitarlo, durante la noche le entraron unas ganas terribles y como no podía salir de la jaula, tuvo que hacerlo como pudo allí mismo. Ernesto la reprendió con sendas sacudidas eléctricas y Yiyi se estremeció gimiendo esta vez más fuerte: MMMMMMMMM...MMMMMMM.
-¿Ves lo que pasa si no haces lo que se te dice? si no te comportas como una verdadera perrita, esto no saldrá bien Yiyi.
Durante ese día, hicieron prácticamente lo del anterior, salir al jardín , corretear, y Yiyi siempre desnuda, a cuatro patas y siendo impulsada por la cadena que sostenía su marido en la mano y la ataba a ella mediante el collar eléctrico. Todo ese día, Yiyi comenzó a comportarse más como una perrita de verdad que como persona adulta y humana. Ya había aprendido a correr a cuatro patas de forma rápida y precisa, a olfatear todo lo que la rodeaba, aunque ahora no llevara el antifaz. Y por primera vez en muchos años, se sentía liberada, su estrés se había disipado al completo, ya no era responsable de nada ni de nadie, ni ella misma era responsable de ella misma, siempre que su amo, su marido la llevase por todas partes como a una perrita. Se sentía francamente arropada, sin pudor por su desnudez, eso ya no le importaba, aunque claro, en esos dos días tampoco había nadie más en casa. Pero llegó el momento de finalizar el día y con él el experimento.
-Está bien Sara, ahora es hora de que vuelvas a la realidad.-Ernesto le quitó el collar y la vistió con sus ropas, la puso en pie y dejó que hablase.
-Cariño, ha sido una experiencia increíble, me lo he pasado bien, en serio, creo que tenías razón -los ojos de Ernesto adquirieron un brillo especial de satisfacción.- me he sentido muy liberada, sin ataduras, aunque igual no hice bien de perrita, pero creo que podría aprender a tu lado, me gusta sentirme así.
-¿En serio? ¿te gustaría seguir practicando? ¿de verdad lo harías por mí?
Sara se excitó sólo de pensarlo, sí quería, lo deseaba. Esos dos días habían sido potencialmente descubridores para ella. Parecía increíble que pudiese estar pasando de verdad, ella una mujer respetable, poderosa en su trabajo, y siendo convertida en mera mascota de su marido para él y para todos. Se imaginaba ya luciendo su plateado collar y siendo paseada armoniosamente por su jardín aún a la vista de cualquiera, eso ya no le importaba. Había aprendido a ser libre, siendo mascota.
-Sí por favor, cariño, ¿cómo lo haríamos?
Ernesto no necesitaba pesarlo demasiado, su experimento aunque él no confiase demasiado en que funcionase, estaba perfectamente gestado para una posible situación como esa, y para su gozo, su mujer estaba feliz, era todo como él quería.
-Bueno, esto tendrás que pensarlo bien cariño, lo que te propondré ahora no va a ser como estos dos días. Estoy hablando de que te convertirás en mi perra, serás de mi propiedad de verdad, y dejarás de ser mi mujer para convertirte en mi mascota, en la mascota de mi casa. ¿entiendes cariño? Es una cosa seria.
-Pero, espera. Eso es imposible, las leyes prohíben tales cosas cariño. Y yo entiendo mucho de eso.
-Sí, lo sé, pero por eso mismo ya lo indagué todo en internet. La comunidad, ¿recuerdas las semanas que estuve encerrado?, por lo visto hay un país, bueno mejor dicho una isla, al margen de la sociedad, un paraíso que tiene sus propias leyes. Según he podido averiguar, allí es posible la adopción de mascotas humanas mediante contratos reales, eso sí. Es un lugar para poder hacer realidad las fantasías de libertad que no hay en el resto de países. Y además lo tengo todo hablado, de hecho hasta me compré una casa parecida la nuestra allí. Y encima mi trabajo podría perfectamente hacerlo desde allí. Te encantará, en serio.
Sara se quedó estupefacta. Por lo visto su marido ya lo tenía todo muy bien atado. Eso la asustó un poco, pero su lucha interior se enfocaba ahora al hecho de que solamente bastaba un sí de ella para hacer realidad esa fantasía, que tantas sensaciones le brindó esos días, y además de hacerlo real y permanente. No pudo negarse...

III - Un contrato especial para una mascota especial

-Lo haré, haré todo lo que me pidas, seré tu mascota, quierooo ser tu mascota. Quiero ser tratada como a una perrita, por favor.-Sara se puso de rodillas delante de su marido.
-Está bien, eso me halaga cariño. Vas a ser la perfecta mascota y te aseguro que aprenderás a comportarte de verdad como hacen la perritas.
Ernesto llamó por el móvil a alguien:
-¿Hugo?, estás ahí! bien, está todo preparado, trae las cosas, nos vamos!
-¿Quién es Hugo? -le preguntó extrañada Sara.
-Tranquila cariño, es el relaciones públicas de la isla, va a venir para preparar tu viaje.
-¿Mi viaje? ¿no voy contigo?
-Como ya te dije, esa isla es otra política, si de verdad vas a ser mi mascota, deberás entrar por la aduana especial de mascotas, y antes habrá que...prepararte..y otra cosa, cuando venga Hugo, será el momento de tu elección, es con él como testigo que deberás dar tu consentimiento para todo.
Sara estaba nerviosa y asintió con la cabeza como pudo, ya no le salían las palabras.
A las pocas horas llegó Hugo, un señor de mediana edad algo calvo y con el semblante serio.
-Buenos días señor Ernesto, ya está todo preparado, ahora es su turno y el de su mujer.
-Cariño, ha llegado la hora, si de verdad quieres ser mi perrita, desnúdate aquí mismo delante de Hugo, bésame a mí los zapatos y dime que quieres ser mi mascota, y que vas a ser una perrita buena.
-¿Pero? ¿delante de este desconocido? qué vergüenza...
-Es lo que hay!, si no te interesa, podemos olvidar todo y zanjar el asunto, tu vida y la mía volverán al lugar de siempre.
Sara no podía creer lo que estaba a punto de hacer, iba a desnudarse delante de su marido y delante de un desconocido al mismo tiempo, aquello era humillante, y para colmo besarle los zapatos a su marido, mostrando su culo a aquel calvorota que casi le doblaba la edad. Muy humillante, pero no tenía elección si quería volver a sentirse liberada. Era contradictorio y excitante al mismo tiempo que humillante, todo un juego de sensaciones a cual más extraña y lujuriosa.
-Está bien, lo haré.


Poco a poco comenzó a quitarse ropa bajo la atenta mirada de Hugo que seguía todos sus movimientos con mucha sangre fría. Se ruborizó sobremanera al verse desnudita al completo delante de aquel extraño, pero poco a poco se dejó llevar e inclinándose comenzó a besar los zapatos de su marido, su amo.
- Quiero ser tu mascota, voy a ser una perrita buena.-dijo alto y claro, totalmente entregada.


Después de eso Ernesto le colocó el collar, lo ajustó y le engarzó una cadena. Le dijo que de ahora en adelante se llamaría ya para siempre Yiyi, y que aunque faltaban por resolver asuntos legales, él ya se dirigiría a ella siempre como Yiyi.
Yiyi a cuatro patas observó como su marido le cedía la cadena a Hugo, que tiró fuertemente de ella.
-Bien Yiyi -dijo Ernesto- ahora deberás seguir al señor Hugo. Él debe prepararte y te conducirá personalmente a la isla en vuelo privado. En nuestro país esto es ilegal, pero ya se encargará él de que no os descubran. Como ves, esto va en serio. Y recuerda. una vez firmes todo y Hugo de la aprobación, me pertenecerás, y deberás comportarte como una perrita de verdad, al fin y al cabo es lo que deseas.
A rastras, Yiyi notó otro tirón más fuerte y tuvo que seguir a Hugo, dejando atrás a su marido. Pensó un momento en que se estaba metiendo en algo serio y se asustó. Pero ya era tarde. Hugo la introdujo en una furgoneta, cerró la puerta y abandonaron su casa.
Cuando se apagó el ruido del motor, se abrió la puerta, Al otro lado ya estaba Hugo tirando de su collar, y Yiyi no tuvo otra que bajar del vehículo como pudo, a trompicones. La condujo a cuatro patas por una senda despejada, no había nadie, apenas se oía nada. Más adelante un chalet les cerraba el paso, allí era donde firmaría el contrato definitivo. Ya dentro del chalet, Hugo respiró fuerte y soltó a Yiyi.
-Bien Yiyi, ahora te dejo hablar, y además quiero que preste mucha atención, te voy a dar 3 hojas, son el contrato que deberás firmar, anota bien los puntos que no te queden claros y los comentamos.
Hugo sacó de un cajón 3 folios escritos a ordenador y se los entregó a Yiyi, junto a un bolígrafo negro. Yiyi se dispuso a leer el susodicho, sabiendo que lo que leería iban a ser las normas de su futura vida, una vida que ella quería más que otra cosa en este mundo. Temerosa leyó:


El Contrato

Por la presente las partes que suscriben a saber: yo, Sara Del Olmo Ruiz de Mora, en adelante Yiyi, mascota humana en pleno uso de mis derechos y capacidades mentales y como adulta que soy y Ernesto De la Rosa Quintero, en adelante mi dueño, amo y señor, suscriben este contrato de relación amo-mascota con los siguientes artículos que ahora se detallan:
1- La relación estipulada en el contrato será de amo-mascota humana; lo cual otorga todo el derecho al amo así como la custodia legal de su mascota a todos los efectos.
2- La mascota humana tiene el deber de obedecer en todo cuanto el amo la enseñe. De esta forma pasa a convertirse en mero animal de compañía del amo a todos los efectos y debe respeto, sumisión y obediencia total.
3- La mascota humana deja de comportarse como una persona normal y pasará a comportarse como un animal de compañía como marca el artículo 2. Para ello su amo se servirá de los entrenamientos pertinentes y registrados en el anexo al efecto de este contrato.
4- Una mascota humana no podrá nunca emitir vocablo alguno, se le desautoriza para hablar, nunca debe dirigir palabra alguno, solamente se permite gemir como un perro o en su defecto ladrar.
5- Una mascota humana siempre debe ir desnuda y con su correspondiente collar en el cuello, antiparasitario si es preciso. También debe llevar una marca de su amo en el trasero, la misma será puesta con un brasero al rojo que llevará la marca asignada a su amo en el momento de la inscripción en el registro de mascotas humanas de Petisland, lugar único en el mundo y donde es válido este contrato. Se le aplicará una chapa de control de aduanas al llegar a Petisland que irá alojada en una de sus orejas. Esta chapa es indispensable y sin ella la mascota incurre en falta grave, por lo que jamás debe perderla.
6- Una mascota humana podrá ser vendida, cedida o castigada por su amo cuando lo considere y siempre que la misma infrinja algunas de sus obligaciones. Ver castigos en el anexo.
7- El amo de la mascota procurará en todo momento el alimento a su animal de compañía, así como su integridad, nunca podrá acabar con la vida de su mascota, eso sería incurrir en asesinato, en Petisland las mascotas humanas valen tanto o más que las personas, y la pena para tal acto es capital.
8- Si una mascota entra en conflicto con otra mascota, se permite que luchen entre ellas sin llegar a matarse, al fin y al cabo es el comportamiento normal de los animales. A tal efecto y si alguna resultase herida cargará con los gastos el dueño de la mascota perdedora. Se compensa así al dueño que mejor mascota y mejor entrenada tiene, sirviendo además de impulso para la mascota perdedora en un futuro combate.

Anexo:

Entrenamientos

Toda mascota humana deberá ser entrenada con el fin de mantenerse en forma y en correcta aptitud y estado de salud para con su dueño, al fin de brindarle una experiencia satisfactoria. De tal modo los entrenamientos consistirán básicamente en largas correrías por la playa, la nieve, el jardín de su casa si lo hubiere, y en carreras con otras mascotas humanas. Además el dueño podrá inventar cualquier otra forma de entrenamiento mientras no ponga en peligro la vida de su mascota.

Castigos

Los castigos serán aplicados directamente por su dueño, pero si se incurriese en daños al medio público urbano o terceros, el estado competente de la isla podrá ejecutar sentencia firme para la mascota y encerrarla en la perrera al efecto por un número de días limitado. El régimen disciplinario del centro y los castigos allí dentro impuestos competen al estado y quedan para las leyes nacionales de Petisland, no pudiendo el dueño recoger ni ver a su mascota hasta verse cumplida la condena.

Marcas y extras

Toda mascota humana debe ser marcada conforme al artículo 5º del presente documento, no obstante y si el dueño lo considera podrá ser tatuada, o marcada en cualquier otro lugar de su cuerpo, además se posibilita que el dueño de la mascota la perfore tanto en nariz como en pezones o labios vaginales (si es hembra), testículos, pene (si es macho). De esta forma podrá ser anillada al antojo del amo, quien será el único dueño legítimo de la mascota. También podrá encerrar su sexo si lo cree conveniente con cinturones de castidad, muy indicado para la época de celo.

Relaciones sexuales con mascotas humanas

No es normal que un humano tenga relaciones sexuales con mascotas humanas. De hecho es una abominación y está castigado con penas de cárcel al amo que las mantenga. Una mascota hembra podrá relacionarse con mascotas macho en época de celo (meses de primavera) y podrá engendrar hijos. Estos le pertenecerán al dueño de la mascota hembra, y serán futuros residentes y ciudadanos de derecho de nuestro grandioso estado de Petisland, pudiendo en su mayoría de edad decidir si desean convertirse también ellos en mascotas o no.

Punto Final

Yo, Sara Del Olmo Ruiz de Mora, dejo constancia de que deseo convertirme en mascota humana al servicio de mi amo, el cual me usará conforme a este contrato; a partir de la firma abajo expuesta yo dejo de ser su esposa para convertirme es su mascota doméstica a todos los efectos, llamadme Yiyi desde este momento.
Firma:
_._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._._

Sara se quedó un momento pensando, era un contrato firme y tenía que tomar una tremenda decisión. Estuvo a punto de dejarlo todo cuando leyó los puntos del Anexo, sobre todo aquel que hacía referencia al sexo con mascotas, no se veía en manos de otros hombres, pero el punto más preocupante para ella era sin duda el que su marido, amo desde ese momento pudiese venderla. Hugo la miraba con atención y ella con el boli en su diestra todavía no se atrevía a firmar aquello. Eran momentos de incertidumbre, de angustia, pero también de excitación. Sara solamente quería ser y vivir como una perrita, pero aquello rozaba lo absurdo, era toda una forma, un estilo de vida, y muy alejado de lo que su sociedad le proporcionaba.
-Hugo, ejemm.
-¿Sí Sara?
-Hay algo que no tengo muy claro de todo esto.
-Dígame, para eso estoy aquí.
-Si firmo el contrato ahora, ¿cuándo podré ver a mi "amo"?.-masculló esto último entre dientes.
-En teoría, dentro de 3 horas. Cogemos un vuelo directo a la isla, paso por el control de animales y marcado, sí, creo que en tres horas estarás lista.
-De acuerdo entonces!
Sara firmó esta vez decidida, solamente necesitaba ver a su amo para sentirse segura y olvidar las inconstantes de la lectura de aquellas hojas.

IV - Los preparativos

-Bien Yiyi, a partir de este momento ya no hablarás, tan sólo ladraras o gemirás, ahora eres una perrita al servicio de tu amo y señor Ernesto. Recuerda que le perteneces y él será el quien te cuide, y atienda en todo lo que necesite una perrita como tú.
Hugo enganchó la cadena a su collar y tiró con ella a Yiyi, ambos salieron hasta la furgoneta y más adelante pusieron rumbo a Petisland. Tuvieron que coger un vuelo privado hasta aquella isla; al aterrizar llegaron a la aduana de mascotas.
Yiyi iba a cuatro patas y desnuda, como tenía que ir y sujeta por la correa que portaba Hugo. El calor era bastante intenso en aquella isla y a Yiyi le comenzaban a quemar las palmas de las manos y los pies aunque iba sobre arena. A lo lejos se divisaba un edificio, era la aduana. Por lo visto no había mucha gente, apenas pudo observar a 3 o 4 transeúntes, ninguna mascota como ella ni nada raro. Cuando se acercaron al aduanero éste miró despectivamente a Yiyi y ella impulsivamente inclinó la cabeza en señal de respeto, pero realmente lo que tenía era miedo a lo que pudiese pasar. Por lo menos su vergüenza de mostrarse desnuda y a cuatro patas frente a desconocidos había desaparecido. El aduanero tras un primer examen de los documentos que le entregó Hugo y después de observar a Yiyi, los dejó pasar.
-¿Ves Yiyi? -dijo Hugo- No ha sido tan difícil, ahora te pondrán la chapita del control de aduanas y ya pronto podremos ir a casa de tu amo, me ha dicho que la mansión que compró es una réplica de la casa donde vivías antes, para que estés como en casa y te adaptes mejor a tu nueva vida. -Yiyi sonrió y movió la cabeza en señal de aprobamiento.
Después de esto fue conducida a una estancia dentro de la aduana donde ya la esperaba un hombre fornido, con una placa roja y redonda en la mano.
-¿Esta es la perrita? ¿y cómo se llama?-Preguntó el hombre.
-Oh, su nombre es Yiyi.-Dijo Hugo.
-Pues Yiyi, acércate, esto durará poco.
Yiyi lentamente se acercó a aquel hombre y éste la agarró con fuerza de la cabeza, inclinándosela para colgarle la placa a modo de pendiente en la oreja. Yiyi no gimió, al fin y al cabo se aprovechaba su agujero de los pendientes para la plaquita por lo que no había razón de perforarla.
-Esto suele gustar menos a las mascotas macho.-Espetó aquél hombre.


Al salir de la aduana todavía tenían que hacer una última visita, esta vez para aplicarle la marca de su amo, y de forma permanente.
Yiyi seguía a Hugo como podía por un terreno algo montañoso, ya habían abandonado la tranquila zona costera y se internaban en un paraje más abrupto. Como la isla no era muy grande podían hacer todo el camino andando, bueno ella a cuatro patas. Subieron una pequeña pendiente y llegaron a la altura de unos hombres que esperaban para aplicar el atizador al rojo en su trasero. Después de verificar los papeles que portaba Hugo, señalaron que debería incorporar la letra "P", que era la que le tocaba por orden en el registro de mascotas. A Yiyi, temblorosa la tuvieron que coger entre dos fuertes varones, sujetándola por las manos y los pies, le dieron de morder una rama de árbol y ella apretó fuerte la boca, sabía que le iba a doler. Mientras, Hugo la acariciaba la melena y la mejilla diciéndole que estuviese tranquila, que solamente sería un momento y que todo acabaría bien.


Con el culo en pompa totalmente expuesto, uno de los hombres aplicó con suavidad el atizador al rojo sobre el trasero blanquecino de Yiyi, ésta intentó zafarse, agitándose como una posesa, pero la sujetaban muy bien, mordió una vez más el palo entre los dientes y gimió de dolor. Todo había acabado. Ahora su trasero lucía una admirable "P" rojiza. Símbolo de pertenencia a Ernesto, su amo.


-Muy bien Yiyi, ya estás listas para ver a tu amo. Ahora sí tendremos que usar un transporte, la casa de tu amo está en el otro lado de la isla, sígueme.
Hugo la condujo colina abajo hasta donde un vehículo los esperaba. La introdujo en una jaula para perros y le colocó el antifaz, Yiyi ya no vería nada hasta que llegasen a casa, por orden de su amo.


Pasaron unas cuantas curvas y Yiyi aún sentía el escozor en su trasero, allí dentro, en esa jaula, sus movimientos eran muy limitados y encima a oscuras, ella no era quien para quitarse el antifaz. De pronto el vehículo aminoró la marcha y pararon.


-Yiyi por fin llegaste.-Era su amo Ernesto.-Espero que el viaje no haya sido malo para ti. ¿Sabes Yiyi? estoy muy contento que aceptaras ser mi perrita, en este isla lo pasaremos muy bien, por fin podrás hacer realidad tu fantasía y yo la mía. Ven te tengo una sorpresa reservada.
Ernesto la sacó de la camioneta y la condujo de la correa hacia el interior de la casa. Ella aún seguía con el antifaz pero podía percibir olores característicos, un aroma a jazmín que le recordaba a su anterior casa.
-Os presento a Yiyi, mi nueva perrita.-Dijo en voz alta y solemne Ernesto a sus criados y criadas. Después le quitó el antifaz a Yiyi.


Lo que pudo observar Yiyi primeramente era un amplio recibidor, igualito al de su anterior casa, y una luz brillante y cegadora en el exterior, allí a su lado estaban dos de sus anteriores criados y la cocinera, la ama de llaves y la chacha que limpiaba (Marta). Con sus ropas de faena y en postura rígida, como esperando recibir a alguien importante. Luego se dio cuenta que las mujeres ponían cara de asombro y ella comenzó a ruborizarse, volvía a sentir vergüenza. Era increíble, pero su servicio estaba viéndola desnuda y en postura humillante, encima ella no podía, es más no debía ni levantar la cabeza demasiado del suelo y menos articular palabra. Ahora era la perrita de la casa y esos ya no eran sus criados, sino los criados de su amo. Se asustó por un momento y se ocultó bajo las piernas de Ernesto.
Ernesto al verla sonrojar la tranquilizó.
-Yiyi, amor. No tengas vergüenza, una perrita tan linda como tú no debe sentirse así. Ellos te atenderán cuando yo no esté en casa, y verás como pronto les coges confianza y cariño. Ah y otra cosa, ahora debes obedecer en todo momento, no queremos a una perrita suelta a su antojo por la casa ensuciándolo todo. Si deseas orinar tendrás que hacerlo en el jardín y por supuesto ni se te ocurra hacerlo dentro de casa, o te castigaré, ahora ya sabes que puedo hacerlo, o podría perfectamente hacer que Marta-dirigiendo la mirada hacia la chacha- te castigase. Pero espero que no tengamos que llegar a ese extremo porque creo que vas a ser una linda y obediente perrita para esta casa.
Yiyi salió de su escondite y asintió como buena perrita con la cabeza. Las incrédulas sirvientas todavía estaban bajo shock. Por lo visto habían ido a la isla para no perder su trabajo, y Ernesto no les dijo nada sobre su esposa. Quería que fuese una sorpresa. Marta, la chacha y la más joven de los criados, una bella rubia de apenas 21 años era la más sorprendida. Siempre había servido en casa para la limpieza y nunca dirigía un mal gesto a sus jefes y menos a la ama de la casa, pero ahora, la ama estaba desnuda frente a ella, a cuatro patas y con un colgar del cuello, no podía encajarlo y acabó desmayándose en el suelo. Yiyi se asustó del golpe y gimió con movimientos nerviosos. Pasado el susto, todo volvió a la normalidad. Ernesto explicó a los sirvientes toda la situación y recomendó que aquel que no lo soportase que se fuera libremente. Pero ninguno, ni siquiera Marta, tan aprensiva, podía dejar el trabajo, lo necesitaban demasiado. De esta forma hicieron fuerza como una piña y poco a poco se fueron acostumbrando a la nueva situación de su anterior señora, la ahora perrita Yiyi.

V - Doma y castigo de una perrita

Diariamente Yiyi correteaba por el jardín de la casa y hacía sus necesidades en el mismo, levantando una patita de atrás y a la vista de o bien su amo o alguno de los criados, que casi siempre le tocaba a Marta. De hecho siempre era Marta la encargada de darle de comer en un cuenco bajo la mesa de la cocina o de meterla en la jaula piramidal al ir a dormir o descansar. Ernesto no podía ocuparse de ella a todas horas, pero siempre la acariciaba y le decía al oído lo mucho que la quería, lo bella que era y lo buena perrita en que se estaba convirtiendo. Estuvo muchos días usando el antifaz para acostumbrarse a olisquear. Privada de la vista agudizó el olfato y ya empezaba a distinguir a los criados por sus olores corporales. Se estaba convirtiendo en toda una perra amaestrada.


Pasaron varias semanas y Yiyi comenzó a sentir deseo sexual. Sabía que su amo no le daría ese placer y eso la irritaba, durante unos días corría por toda la casa, olisqueando aquí y allá, estaba muy caliente y solamente podía satisfacerse masturbándose cuando nadie observase. Ella todavía era vergonzosa para eso. Marta comprendió pronto lo que le pasaba a Yiyi. Una noche al ir a dejarla en su jaula encerrada, Marta comenzó a hablarle a Yiyi.
-Vaya, sé por qué estás tan nerviosa últimamente, lo que no comprendo es por qué sigues con este juego. Para mí sigue siendo muy extraño todo esto, pero no tengo más remedio. ¿Sabes una cosa Yiyi? nunca lo he contado, era un secreto pero creo que ahora puedo decírtelo sin problemas -mostró una sonrisa a Yiyi justo después de quitarle su antifaz- tu amo Ernesto me gusta mucho, es más estoy segura que él me desea, igual no tanto como a ti, pero me desea, y creo que podría hacer que se enamorara de mí ¿sabes? igual a ti no te dejen follar con Ernesto, pero quien sabe, igual yo... -Yiyi comenzó a gemir e intentó morder los pies de Marta, pero los barrotes no la dejaron.-Pobre perrita enjaulada...tranquila, jejeje, no sean tan mala, no quiero quitarte a tu amo, al fin y al cabo yo no pretendo ser otra perra, para eso ya estás tú, en todo caso...ser la nueva señora de la casa ¿qué te parece Yiyi? -Yiyi dentro de su jaula desistió en un segundo intento por morderla, sabía que era imposible, además la podrían castigar, de hecho igual era lo que Marta quería. Se sentía humillada y excitada al mismo tiempo, era una nueva sensación para ella, pero no pudo dejar de gemir disgustada por lo que oía.-Creo Yiyi que nos vamos a llevar muy bien a partir de ahora, antes no me di cuenta pero ahora sé que puedo conseguir muchas cosas, y cuento con que no hables, jejeje, las perritas no hablan ¿verdad Yiyi? -Yiyi gimió. -Qué bien te estamos educando todos ¿eh? pues espera a mañana, te tengo una sorpresa.-Y así, se alejó a pasos lentos de la jaula-.
A la mañana siguiente su amo Ernesto y Marta fueron a despertar a Yiyi que seguía durmiendo con su antifaz puesto. Como todos los días, Ernesto apretaba el botón de su mando a distancia y descargaba una sacudida eléctrica directamente a su perrita, ésta se sacudía con unos gemidos y se despertaba, después abrían la jaula y le daban de beber de un bidón de agua. Lo que Yiyi no sabía, al igual que Ernesto, es que esta vez el bidón había sido manipulado por Marta y le había metido un fuerte laxante. Cuando Marta se acercó a acariciar a Yiyi, ésta la olió e intentó morderla, Ernesto sorprendido por aquel comportamiento tan inusual la detuvo.
-¿Pero qué haces Yiyi? ¿no te he enseñado a tratar al servicio? ¿qué es eso de morder a Marta? las perritas buenas no muerden a las personas. ¿O quieres que tenga que castigarte? -Yiyi gimió y se contuvo, bajando la cabeza y refugiándose entre las piernas de su amo.
-No se preocupe Ernesto -le espetó Marta.
-No! Marta, debe aprender a respetar y obedecer. Yiyi, ahora mismo estás lamiéndole las botas a Marta en muestra de sumisión y perdón. Y que no se te ocurra intentar morderla más ¿entendiste?
Yiyi humillada bajó una vez más la cabeza y se aproximó a las piernas de Marta siguiendo su instinto olfativo adquirido, la cual con una sonrisa de oreja a oreja ya adelantaba una de sus botas, la más sucia que calzaba. Yiyi, sacó la lengua y comenzó a dar suaves lametazos por el borde exterior de la bota mientras Marta arrodillada le acariciaba el pelo complaciente.


Luego Ernesto se fue a trabajar a la habitación y Marta que era la encargada de sacar a pasear a la perrita tiró de ésta hacia el jardín. Pronto le entraron a Yiyi una terribles ganas de hacer "popó". Marta que lo sabía la condujo al exterior de la casa, Yiyi no se dio cuenta, aunque notaba extrañada que la caminata era demasiado dilatada. Tirando de ella con fuerza, casi ahogando a Yiyi, la sacó de los márgenes de la propiedad.
-Ahora Yiyi, aquí mismo, ya puedes hacer "popó".-Yiyi comenzó a hacer sus necesidades, pero no se daba cuenta que estaba sobre propiedad ajena, en medio de la calle, donde era prohibido. Marta tuvo en cuenta la hora, sabía que siempre pasaba por allí un guarda de seguridad estatal. Y allí estaba...un personaje enfundado en gris metálico con porra y un aparato en el cinto, seguramente de electroshock. Cuando vio a Yiyi allí en medio de la calle sola (Marta se escondió dentro de la propiedad), haciendo aguas mayores, se dirigió presto hacia ella, la agarró por el extremo del collar, suelto en tierra y acto seguido tiró de ella con virulencia.
-Pero ¿qué haces perra mala? -Yiyi asustada solamente pudo gemir, si decía algo sería peor- Ahora vamos a ver a tu dueño, y veremos qué pasa.
La arrastró hacia dentro de la propiedad y apareció Marta sofocada.
-Oh perdone, ha debido escaparse señor agente.-Yiyi comenzó a gruñir de rabia, ella sabía perfectamente que no era cierto.
-Tú a callar perrita, deja hablar a las personas -Dijo el agente tirando con fuerza de la correa a Yiyi- Y usted, ¿es su ama? -dirigiéndose a Marta-.
-No agente, solamente la chacha de la casa.
-Pues haga el favor y condúzcame al señor o señora de la casa. -A Marta se le dilataron las pupilas al oír hablar de "señora de la casa", pronto lo sería, era cuestión de tiempo solamente.
Marta lo condujo al interior y llamó a Ernesto.
-¿Qué sucede Marta? -preguntó extrañado desde el interior de su habitación Ernesto.
-Un agente ha detenido a Yiyi, por lo visto se escapó e hizo sus necesidades en la calle.
Ernesto salió presto y vio la escena. El agente agarraba con fuerza a Yiyi, que apenas respiraba de lo asustada que estaba. Se puso tan nerviosa que no pudo evitar hacérselo encima, esta vez dentro de casa.
-No Yiyi, ¿por qué? -Ernesto.
-Lo ve Señor!, a esta perra suya hay que educarla convenientemente, según las leyes debe ir a la perrera, allí le enseñarán modales. Espero que lo comprenda.
Ernesto comprendía perfectamente la situación, y de hecho le pareció buena idea, ya era hora que Yiyi aprendiese a respetar la propiedad privada y a las personas.

VI - Tontín

El juez decidió que como era la primera infracción, la tendrían solamente 2 semanas. Tiempo de sobra para que Marta viera recompensada su actuación.
No esperó demasiado Marta para tomar el control de la situación en la casa. La primera noche sin Yiyi, Ernesto volvió a sentirse mal, refugiándose en su computadora y su rutinario trabajo, pensando en ver pronto a Yiyi de vuelta. Marta sabía que Ernesto estaba triste, pero también sabía que hacía mucho que no practicaba sexo, no entendía por qué no se buscaba a una sustituta para esos menesteres, a ella por ejemplo; pero a Ernesto le bastaba con sentir, acariciar y tener a Yiyi a su lado, el sexo era lo de menos. Pero Marta no lo interpretaba así, y esa noche Ernesto sucumbiría a los encantos de aquella preciosidad rubia. Marta se enfundo en un vestido de rejilla que dejaba transparentar perfectamente dos senos bien puestos con unos ricos pezoncitos sonrosados, además se atavió con una collar largo de perlas y un tanguita negro a juego con el vestido de rejilla. De esta guisa se introdujo en la habitación de Ernesto y lo esperó detrás de la puerta en pose lasciva.


Ernesto entró y se quedó de piedra.
-¡Pero Marta! ¿qué..qué...? -no le salían las palabras.
-Shhh...calla tontín -le susurró dulcemente ella- sé que te apetece follar, hace mucho que no lo haces, pues bien, yo soy tu chacha ¿no?, estoy para complacer a mi jefe en todo lo que sea menester, y por eso he pensado...que...en ausencia de Yiyi, y como se te ve tan solito y tristón por la casa...podría elevarte la moral, jejeje. ¿acaso no te gusto? -decía mientras se acariciaba los turgentes pechos de forma delicada con las manos. Ernesto no perdía detalle, y comenzaba a notar un bulto en su bragueta. Hacía bastante que no tenía esa sensación tan agradable y comenzó a dejarse llevar por la excitante situación.
Marta se le acercó y comenzó a soplarle lenta y calurosamente al oído, al tiempo que descendía delicadamente sus manos sobre sus hombros y le quitaba la chaqueta, luego bajó y continuó por los pantalones. Él ya estaba empalmado.
-Vaya, vaya ¿pero qué tenemos aquí? -dijo Marta socarronamente mirando el bulto en los calzoncillos de Ernesto -No sabía que mi señor tuviese tan buenas razones, jejeje. Espera, que voy a liberar al pajarito de su escondrijo.
De esta forma Marta comenzó a acariciarle la polla con tranquilidad, notando que se ponía cada vez más y más dura, así le masturbó un buen rato, hasta que Ernesto no pudo más y agarró con fuerza a Marta y la tumbó en la cama. Allí acabó por desgarrarle el vestido, y poniéndola a cuatro patas la embistió por detrás, penetrando un lindo conejito rubio con unos pocos pelitos que le quedaban sin depilar. Ella gimió de placer como una loca a la vez que se movía con la polla de él dentro. Ernesto se corrió en su interior, no pudo evitarlo y Marta se enfundó en una sonrisa de triunfo.

VII - Dos semanas

Mientras en casa de Ernesto, Marta se ocupaba de los asuntos de la casa. Yiyi debía soportar como una buena perrita los extraños métodos de aprendizaje y castigo de la administración de Petisland.
Al llegar a la perrera, Yiyi observó, que había muchas jaulas llenas de perritas y perritos como ella. Era la primera vez que veía a otras mascotas domésticas. Despedía todo aquello un olor nauseabundo, pero ya no tenía opción, ahora era conducida a una jaula vacía de reducidas dimensiones, reservada para ella. Dentro se encontró un cuenco de comida y otro de agua.
-Yiyi -le dijo un carcelero- esta será tu estancia por dos semanas, no obstante te sacaremos todos los días de ahí dos horas para que corras por el recreo y estires los músculos, además todas las noches y durante una hora entrenamiento especial.
Ella no sabía lo que era el entrenamiento especial, pero se limitó a asentir con la cabeza y a ladrar al carcelero, ahora que no tenía el antifaz, ya podía ver el rostro de la gente y podía darse cuenta de más cosas, como por ejemplo que el carcelero sonrió al oírla ladrar, y eso le gustó a Yiyi y lo repitió.
-Buena perrita ¿sabes? no sé qué cargo tienes para que te envíen, pero pareces muy educada, toda una señora perra. Es posible que seas de raza noble, no sé, hasta luego. -Y se alejó por el pasillo.
Dentro de la jaula comió y bebió, pero también tuvo que hacer sus necesidades allí dentro, ahora sabía el por qué del olor. Sus compañeros de las jaulas de al lado estaban en la misma situación. Desde su presidio podía ver a una morena muy grande, de unos 45 años en frente con una marca "G" en su trasero, y a otra más pequeña y de corta edad, quizás 19 o 20 años que lucía un lindo collar de oro, o eso le parecía. Se preguntaba por qué tan joven. Ella tenía ya 30 años, pero esa chica...tan jovencita...debería estar pasándolo mal. Su melena oscura y su delicado rostro angelical la confundió a Yiyi, esa joven perrita era realmente fuerte, músculos entrenados y muy bien marcados. Yiyi se preguntaba por qué ella no era tan atlética, quizás así le agradaría más a su amo. Con estos pensamientos acabó durmiendo en su jaula, y llegó la noche.
Una fuerte sensación eléctrica la azotó, gimió y se levantó del letargo. Su carcelero abría su jaula para sacarla. Era noche cerrada puesto que por las ventanas de aquella estancia no entraba ni un halo de luz.
-Yiyi, es hora de tu entrenamiento especial.
El carcelero la condujo a otra habitación, allí arrastrándose a cuatro patas el carcelero la agarró de las manos y la ató a una barra que pendía del techo por una cuerda gruesa. Luego hizo lo mismo con los pies. Yiyi se resistió, gruñendo y gimiendo asustada, pero el carcelero era un hombre preparado y muy fuerte, la agarró con presteza y sometimiento y consiguió en poco tiempo tenerla atada de pies y manos a la barra, quedando su semirasurado coño expuesto. Luego para que parara de gruñir, le colocó una bola en la boca y la ajustó firmemente por detrás por una correa. Ahora estaba totalmente sometida. Después elevó la barra y a ella hasta una altura de medio metro. Ahora pendía en el aire.
El carcelero salió de la habitación y entró con su compañera de presidio. La jovencita de antes. Era guiada a dos patas en postura semiflexionada por el carcelero, tirándola por el pelo. Según podía ver ella, tenía los brazos atados por detrás y lucía un collar postural en cuero negro que le obligaba a mantener la cabeza bien alta. El carcelero la acercó al coño de Yiyi y ésta comenzó a lamerle con cuidado. Era la primera vez que Yiyi tenía relaciones lésbicas.


-Vamos perra!, cómele el conejo a esta perrita mala, quiero que le metas la lengua bien y hasta el fondo, y no pares hasta que lo ordene.
Yiyi intentaba moverse para resistirse, pero no podía, estaba bien sujeta, y la otra perrita ya le comía el coño a lametazos intensos. Pronto comenzó a sentir placer como nunca.


La otra perrita tenía que levantarse como podía para alcanzar su coño, era una postura incómoda pero no había más remedio, luego el carcelero se apañó una banqueta y descansó el culo de Yiyi en ella. Yiyi comenzó a echar babas por la boca, no podía gritar, no podía gemir y no podía ladrar, solamente unos ahogados "mmmmm...mmmmm" seguidos de escalofríos de placer.
-Muy bien perrita. ¿Has visto Yiyi, qué bien te lo hace Lucía? Lucía es una perrita joven, pero con muchas ganas de aprender, ¿a que sí lucía? -Lucía dejó de lamer para mover la cabeza en señal de confirmación hacia el carcelero- Ella está aquí por placer ¿sabes? a esta perrera se puede venir por castigo como tú, o por gusto propio. Ella es de las que gustan y siempre se presta a ayudarnos en nuestros entrenamientos. -Yiyi no pudo comprender, no entendía que siendo tan joven fuese tan depravada, una cosa era ser una perrita, otra ser una masoquista.
Lucía seguía lamiendo y cada vez con más intensidad, hasta que Yiyi acabó por correrse en su boca, y justo en ese momento no pudo aguantarse y soltó una meada que pilló de improviso a Lucía regándola por toda la cara.


-Perra mala, eso no se hace. Pero en fin, ya que lo has hecho, seguro que a Lucía no le importará limpiarte ¿verdad?
Lucía se tragó la meada y después le limpió el coño a Yiyi, dejándola seca por completo. Por lo visto parecía que ya tenía experiencia en esas situaciones.
-Y no te olvides de las gotas del suelo Lucía, ya sabes que no me gusta tener la habitación hecha un charquero.


Al acabar de limpiar el suelo con su lengua, el carcelero soltó a Yiyi, acto seguido le puso el mismo collar postural que llevaba Lucía y ató a ésta como estaba antes expuesta Yiyi. Se intercambiaron los papeles y Yiyi no tuvo más remedio que lamerle ahora el conejito a aquella linda y joven perrita. Para su sorpresa también orinó sobre ella y aunque con asco al principio, acabó por imitar a Lucía limpiándola con la lengua a lametazos, como hacen las perritas buenas.
Y así pasaron las dos semanas de castigo y enjaulamiento, Yiyi volvía a casa.

VIII - Yiyi, la mascota

Ernesto la esperaba en la puerta con ganas. Yiyi a cuatro patas, desnuda como siempre y guiada por un agente del estado, era conducida a la vera de su amo.
-Señor Ernesto, aquí tiene a su mascota, lista y dispuesta. Buenos días.
Así tan fríamente se despidió el agente dejando la correa de la que dependía Yiyi en manos de Ernesto. Éste se agachó y acarició el pelo de su mascota, ella le obsequió con una dulce mirada y un beso en los zapatos, dando vueltas a su alrededor como una perrita fiel y obediente.
Pasaron adentro y allí estaba Marta. Ahora lucía una radiante sonrisa y unos ojos brillantes. Se aproximó con resignación a sus pies y la lamió también a ella en las botas.
-Qué bien, sí que te educaron ¿eh Yiyi? -sorprendida Marta. Hay algo que creo será mejor que te diga tu amo, Yiyi, algunas cosas han cambiado en esta casa. -Yiyi reaccionó echándose para atrás.
-Verás Yiyi -le dijo Ernesto- Marta y yo... en tu ausencia hemos contraído matrimonio, ¿sabes? ahora tienes también una ama. Nos tienes a los dos, que te daremos todo el cariño y el amor que necesites. -Yiyi sorprendida intentó ladrar furiosa, pero su entrenamiento había sido muy bueno y aceptó la situación como mejor pudo, agachando la cabeza en muestra de sumisión delante de su nueva ama Marta.
-Ernesto, cariño, ahora que voy a estar ocupada con otros menesteres, ¿no sería conveniente contratar a una nueva asistenta especialmente dedicada a cuidar perritas? nosotros no podremos atenderla todo el tiempo ¿no te parece?
De esta forma al cabo de los días apareció por casa una muchacha morena, algo más mayor que Marta que se encargaría de cuidar a Yiyi en ausencia de sus amos.


Pasaron los meses y Yiyi previa petición a Eduardo de Marta, continuaba con el antifaz. Yiyi ya estaba acostumbrada a guiarse por el olfato y fue una noche cuando olfateó a su ama Marta, que la sacó de la jaula y le dijo:
-Bueno Yiyi, ya eres toda una perra bien amaestrada. -Yiyi la mordisqueó suavemente en los deditos en señal de aprobación- Ahora solamente falta curarte de tu manía por la masturbación, sabes que te gusta hacerlo a escondidas, pero yo te he pillado varias veces sin que te dieses cuenta, por eso y gracias que a Ernesto le parece una estupenda idea, hemos decidido ponerte un cinturón de castidad. Es necesario que lo lleves puesto un tiempo indefinido ¿sabes? además se acerca la primavera y no me gustaría tener perritos, jajajaja.
Marta le mostró un cinturón de castidad plateado y en acero a Yiyi, ella recelosa tiró para atrás al olisquearlo, pero atrás estaba la jaula y delante Marta con el cinturón.
-No te resistas perrita, te lo tengo que poner, es por tu bien.
Yiyi acabó con el cinturón puesto y un candado cerrándolo, candado cuya llave sostenía tintineante Marta detrás de la ya cerrada jaula.
-Buenas noches Yiyi, espero que disfrutes tu nueva vida...
Lo último que Yiyi oyó fueron unas débiles carcajadas que abandonaban la estancia a pasos firmes. Mientras en el exterior la oscuridad abandonaba el reino de sus sombras transformándose en delicados destellos de luz que anunciaban un nuevo amanecer.
EPÍLOGO

Yiyi acabó por acostumbrarse a la castidad con el tiempo y Marta en muestra de agradecimiento decidió permitirle ir a la perrera por voluntad propia una vez a la semana. Allí Yiyi retomó las sensaciones con su joven amiga de correrías y lametazos.
Ernesto, el señor de la casa acabó por ponerles los cuernos a Marta con la nueva asistenta contratada por su mujer para cuidar a Yiyi. Marta celosa de nacimiento acabó sucumbiendo con el tiempo al ambiente de la isla y ella misma decidió convertirse en mascota de Ernesto y su nueva mujer.
Actualmente En la casa viven Ernesto, su mujer Clara, dos perritas, Yiyi y Marta y en verano también Lucía, la joven amiga que Yiyi hizo en la perrera y que libremente consentida por sus dueños pasa mucho tiempo de ocio con ellas.

-F I N-

3 comentarios:

  1. Escrito para la web "Todorelatos". Allí uso el nick de "vascopais3".

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  2. hola, me podrías decir el nombre de la película de la cual aparecen las imágenes en el relato? saludos y gracias.

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